‘La historia interminable’: un autor angustiado, una ilustradora inspirada y un traductor en apuros

La historia interminable nació en Casa Unicornio, la morada italiana a la que se mudó Michael Ende cuando se dio cuenta de que en Alemania rechazaban la literatura fantástica por considerarla un género meramente escapista. Allí fue vecino de estrellas como Anthony Quinn o Anita Eckberg en un pueblo, Genzano, que había puesto en el mapa literario otro cuentista: Hans Christian Andersen, que ubicó en él parte de su primera novela, El improvisador. En esa localidad próxima a Roma vivió Ende hasta que murió su esposa, la actriz Ingeborg Hoffmann, y se acabó de convertir en una celebridad de las letras. “Cuando me encargó el trabajo de ilustrar La historia interminable ya era muy famoso”, explica a Vanity Fair Roswitha Quadflieg, la artista que convirtió la novela en un objeto único del que se han vendido, y aún se venden, millones de copias en todo el mundo.

El reportaje completo en Vanity Fair.

Walt Whitman, el poeta que nació en la redacción de un periódico

Quien aún diga con cinismo que el periódico sólo sirve para envolver bocadillos, debe saber que a veces la prensa pare poetas. A Estados Unidos, por ejemplo, le dio a Walt Whitman, a quien Harold Bloom describió como el Shakespeare estadounidense, un bardo que, antes que versos, escribió noticias, crónicas y editoriales. “Estuvo en el negocio de los periódicos durante 20 años antes de publicar Hojas de hierba: esos años de escritura, esos miles de artículos incluyen elementos que prefiguran su sensibilidad y su estilo”, opina Jason Stacy, de la Universidad Edwardsville de Illinois.

El artículo completo en La Esfera de Papel – El Mundo

Chim, un reportero entre Ingrid Bergman y La Pasionaria

Fuma y medio sonríe y ambas cosas las hace sólo con los labios porque a David Seymour la alegría no le llega hasta los ojos. Con un retrato de la talla de un gigante y ese gesto, ‘Chim‘ da la bienvenida al visitante del Museo Judío de Ámsterdam, donde hasta el 10 de marzo se ofrece una retrospectiva de su obra fotográfica. Es la primera en Europa porque hasta en el eco ha sido más discreto que sus socios en la Agencia Magnum: Robert Capa y Henrie Cartier-Bresson, más nombrados, citados y recordados que el fotoperiodista polaco.

La exposición contiene 150 fotografías y un centenar de revistas y documentos personales elegidos y contextualizados por el Centro Fotográfico de Nueva York. En la sala conviven tomas de la miseria y el dolor de los niños de la segunda postguerra mundial con instantáneas de una esplendorosa Sofía Loren en bañador y medias de rejilla posando en su casa de Nápoles. Parece algo incoherente, pero tras ver la muestra queda algo claro: que en el trabajo de Chim se aprecian muchos contrastes, pero apenas hay contradicción.

El reportaje completo en Vanity Fair.

Intelectuales nazis: apuestos, cultos y asesinos

Esta entrevista se hizo cuando Creer y destruir salió a la venta: hace año y medio. La pieza no se publicó en el medio que la había comprado por motivos que tienen que ver con la inestabilidad laboral a la que está sometida una periodista autónoma. La promoción del libro caducó, pero no el libro ni lo que cuenta en esta entrevista el historiador francés Christian Ingrao: el papel que tuvieron destacados académicos alemanes en los órganos de represión del Tercer Reich.

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Las flamencas de LaboratoriA: a la justicia por la belleza

“Reniego de mi sino”, cantan Anna Colom y Cristina López en un esbozo de seguiriya. “Reniego de mi sino”, dicen en el mismo tono y con las mismas palabras que emplearon en su día Tomás Pavón o Chocolate. Pero es 2018 y si hasta el lugar donde cantan, El Dorado, prefiere llamarse Sociedad Flamenca a llamarse peña, está claro que nada significa hoy lo mismo que hace 50 años.

La crónica completa en Deflamenco.com