Strummer, Bisbal, Barcelona

Bajo del tren, salgo a la calle y cojo un taxi. “¿Llegas o vuelves?”, me pregunta el dueño. Su pelo oscuro, sus pecas y su descaro me recuerdan a Sandino, invento de Carlos Zanón en ‘Taxi’, propietario de un Prius amarillo y negro que no quiere regresar a casa porque cree que Lola, su mujer, lo va a dejar esa noche. Como él, tampoco yo quiero volver, pero lo hagoaunque vivir en la ficción tiene ventajas. El conductor de la novela es un poquito quien es por The Clash mientras que el mío sintoniza Radiolé porque una cosa es lo que soñamos ser y otra lo que somos. Joe Strummer contra David Bisbal, si los sumo a ambos y los divido entre dos, no salgo yo. Es la fórmula, sencilla, que demuestra que el arte no es la vida.

El artículo completo en El Periódico de Cataluña

Asquerosa, el pueblo en el que Federico García Lorca vivió y creó a Bernarda Alba

Una cortina de yute. Eso es lo primero que se ve y se lee en La casa de Bernarda Alba. Ni a la señora de negro, ni a las hijas destruidas, ni a las criadas. Una cortina de yute, no una sábana ligera, ni un adorno de ganchillo blanco, crudo o hueso sobre la mesa camilla ni una cortinilla gruesa, quizás de esparto, cáñamo o lino, de las que evitan que se cuelen bocanadas de calor o los mosquitos. Una cortina de yute, textura exótica que Federico García Lorca coronó de “madroños y volantes” para darle un aire andaluz que viene a confirmar que nada de lo que intuyó fue solamente local. Tampoco Asquerosa, el pueblo en el que se inspiró para contar esa historia y donde vivió de chiquito. Allí compró su padre, con el dinero heredado tras quedar viudo de su primera esposa, el cortijo de Daimuz y una casita en el centro, a la que se mudó desde Fuente Vaqueros con su segunda mujer, Vicenta Lorca, cuando Federico tenía alrededor de ocho años.

El artículo completo en Vanity Fair.