Del prostíbulo a la casa de Christian Dior: así era el París mágico que retrató Brassaï

Vista desde el Pont Royal hacia el Solférino. / Estate Brassaï Succession, Paris.

“Me gustaría alejarme por completo de la atmósfera de París, que mantiene cautivos hasta el último glóbulo de mi sangre y la última fibra de mi ser”. Con esa hipérbole escrita en una carta, el joven Gyulá Halász explicaba a sus padres el efecto que tenía la capital francesa sobre él. Era 1924 y acababa de llegar de Alemania, donde emigró con su familia durante la Primera Guerra Mundial y donde entabló relación con nombres tan relevantes como Kandinsky.

El artículo completo en Vanity Fair.

El flamenco y la sardana se mezclan en “Charnego”

David Romero por Ana Palma.

Delante de la puerta del Centre Cultural La Bòbila de L’Hospitalet hay un olivo. Está en medio de la plaza, trasplantado, representando la sangre de muchos de los que pasan cada día ante él y lo respiran. De puertas para adentro, uno de ellos: el bailaor David Romero, que prepara su próxima obra junto al percusionista Joni C. Sánchez. Uno y otro son catalanes, pero por su léxico y su deje ambos parecen, como el árbol de la calle, dos trasplantados.

La entrevista completa en Deflamenco.

Tenía razón Jane Fonda: el sexo tras la menopausia puede ser maravilloso

“El sexo mejora con la edad”, decía Jane Fonda a sus 79 años después de sacar del bolso uno de sus vibradores en el programa de Ellen Degeneres. En la otra punta del planeta y del deseo, la diseñadora española Agatha Ruiz de la Prada (57) aseguraba que tras su divorcio, pasa del sexo. Y ambas tienen razón porque si algo queda claro en Sin reglas: erótica y libertad femenina en la madurez (Capitán Swing, 2017) es que el abanico de opciones e intensidades sexuales de las mujeres cuando pasan de los 50 años existe y es muy variado.

El artículo completo en Vanity Fair. 

Kiki, el “lleó” petit de la saga Morente

Kiki Morente. / Alex Rademakers.

Kiki Morente té 30 anys i unes ganes de riure i de fer broma que semblen inacabables. És habitual veure’l amb la guitarra penjada a l’esquena, un instrument que va aprendre a tocar al conservatori, on assistia amb el seu pare, Enrique Morente, que es va matricular amb ell perquè no faltés a cap classe. “Ell era així, un lleó, genial. I ho va fer perquè sabia que jo preferia jugar al carrer que rebre classes de música”, diu, i s’emociona.

La entrevista completa en Play – ARA