Del sol de Joan Miró a la ‘turismofobia’: los artistas contra el turismo

En 1983, Joan Miró creó el logotipo más conocido y longevo de este país: el de Turespaña, organismo responsable de todo lo concerniente al turismo. Ese sol amarillo, rojo y negro ha dado la vuelta al mundo varias veces y continúa siendo la imagen con la que España atrae a más de 75 millones de turistas al año. Cada vez más gente cree que son demasiados, entre ellos muchos artistas, que 34 años después dicen que el turismo ya no precisa imanes. “Se ha convertido en una industria que produce sin límite. Lo que necesita no es más promoción sino un modelo sostenible”, dice Domènec, artista que indaga en los conflictos de las ciudades.

El reportaje completo en El Español

Ferrys: huir o viajar

El Pireo, Atenas, verano de 2016. Son las seis de la mañana y en el puerto más importante de Grecia hay más policía que control. La gran cantidad de gente que atesta el muelle complica las tareas de vigilancia. Por eso, da la sensación de que aquí puede entrar cualquiera. «Cualquiera» se ha convertido en una palabra despectiva de amplio espectro. Antes, «cualquiera» era como algunos se permitían llamar a la mujer dueña de su vida y de su cuerpo y la misma palabra podía hacer referencia a un delincuente. Hoy, en Europa, «cualquiera» puede ser un refugiado.

La crónica completa en Altaïr Magazine.

Barcelona, la ciudad devorada

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Una cola apretujada para entrar y un intenso olor a gamba chamuscada. Podría ser una escena habitual en la puerta de cualquiera de las “atracciones” que ofrece Barcelona a sus casi ocho millones de visitantes anuales. Pero es la entrada del Antic Teatre, donde se estrena Guiris go home, título de la obra en la que el director Marc Caellas observa la ciudad y su fiebre turística desde una escenografía en la que reina un señor que prepara una paella.

“¡Guiris go home!”, le espetan los actores a un grupo de extranjeros seleccionados y puestos entre el público a los que se les pregunta a qué han venido a la ciudad. “A ver a mis amigos”, dice una. “Quiero conocer el mundo”, contesta otro. “A buscar marido”, responde la última inquirida después de una diatriba en la que los intérpretes demuestran al respetable que cualquier movimiento es turismo. Si vas a un balneario, turismo termal. Si vas a beber vino, turismo enológico. Que vas a ligar, turismo sexual. Vayas donde vayas, querido visitante y también autóctono, las estadísticas, los poderes y la industria te catalogarán como turista.

Los vídeos, relatos, noticias y canciones que componen la obra resumen la situación de una ciudad que ya construye pistas con nieve artificial para que el turista tenga de todo, que cuenta con un tercer hotel cápsula y que lucha con denuedo para superar los ocho millones de turistas al año cuando en 1990 apenas recibía dos. La obra de Caellas no niega que el turismo sea una fuente de ingresos. Lo que se cuestiona es el modelo. El director es tajante: no ve beneficio en el hecho de que un turista compre ropa de lujo en una multinacional con sede en el Paseo de Gràcia. Menos aún si esa multinacional explota a sus trabajadores. Con lo que queda clara una cosa nada más empezar la obra: la culpa no es sólo del guiri.

Artículo completo en El Estado Mental.