Vietnam no es lugar para una dama

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“Dios te necesita”, le dijo un médico de campaña a Helen Musgrove y provocó que los 10 días que iba a pasar en Vietnam se convirtieran en seis años y medio. Era enfermera y propietaria en Hong Kong de un negocio de confección de ropa. En un viaje que realizó a Tailandia para comprar seda, conoció Vietnam por primera vez.

Desde la ventana de su hotel en Saigón vio lo que definió como “una hermosa espiral de rubíes en el cielo”. Era un tiroteo. Cuando volvió dos años después, vestida con un traje rosa y zapatos de tacón, se dirigió a la Oficina de Asuntos Públicos del Gobierno de Estados Unidos y preguntó: “¿Qué hay que hacer para cubrir un combate?”

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Svetlana Alexiévich: pájaros en la cabeza

Svetlana Alexiévich tiene los ojos como Alfanhuí. No son del amarillo del alcaraván pero varias motas ambarinas hacen que su iris azul parezca verde. Cuando la Premio Nobel de Literatura se indigna, el amarillo se enciende y su voz, grave y monocorde, se agudiza y se entrecorta como el canto de la cerceta, pájaro que abunda en Bielorrusia. Allí nació y allí volvió hace cuatro años tras doce de exilio por haberse atrevido a narrar las atrocidades del “imperio soviético”.

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