Un tablao para Camarón

Estoy en Casa Camarón de la Isla. En ese ambiente tan calé, destaca un medio payo imponente. Me invoca desde su silla, me habla como si me conociera de siempre y sólo se levanta para que mire la uña de su meñique. “Es así de pequeñito”, dice clavándome los ojos y haciendo fuerza con ellos para que entienda la gravedad de lo que explica. “Es chiquito pero hay metástasis y es mortal”. Habla del tumor que mató a Camarón de la Isla y lo describe en presente porque no está recordando: está reviviendo el día que en la Clínica Mayo un médico les dijo que lo que consumía al cantaor no tenía cura. Y lo vuelve a vivir cada vez que lo cuenta. Le llaman Tío Candado pero se llama José y en su casa pasó sus últimos días el cantaor de la Isla. Yo ya lo sé cuando me estrecha la mano el día en que se cumplen 23 años del adiós a Camarón y contesta a preguntas que no le hago.

Sigue en El Estado Mental.

Debut con nota

image__El_Yiyo_020_2920420412708395966El Yiyo llegó de Barcelona con sus 18 años a cuestas y su condición de debutante al Teatro de la Abadía de la mano de El Güito aunque en realidad, lo hizo solo. El maestro le montó una farruca, marca de su casa, con la que el joven abrió el espectáculo para dar paso al veterano bailaor que demostró su sabiduría demostrando que un giro de su muñeca vale aún por diez velocísimos zapateados. También cantó, para deleite de quienes lo admiran y demostrando que cuando el cuerpo no acompaña, la sal y lo recorrido son una buena forma de suplirlo. A partir de ahí, dejó solo al debutante, al que quizás le habría ido bien un poquito más de generosidad por parte del maestro, pero que se defendió de maravilla teniendo en cuenta las circunstancias y los nervios de rigor.

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