Simone Mareuil, la protagonista de ‘Un perro andaluz’ que acabó con su vida quemándose a lo bonzo

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“Mamona”, llamó Luis Buñuel a Simone Mareuil en una carta dirigida al escritor Pepín Bello. El director eligió esa palabra por la escena de Un perro andaluz en la que Pierre Batcheff le manosea los pechos a su compañera de reparto. De ella también dijo el cineasta que tenía “un cuerpecito excitante” y que daba ante la cámara “bastante bien”. Son descripciones que recoge Ian Gibson en Luis Buñuel: la forja de un cineasta universal y son casi las únicas que hizo el de Calanda sobre la mujer que protagonizó su primera película y una de las escenas más icónicas de la Historia del cine: la del ojo rajado. Es una de las tomas y de las cintas más comentadas, analizadas e incluso psicoanalizadas y sin embargo, su protagonista apenas aparece citada, comentada o biografiada. Simone Mareuil no figura nunca, por ejemplo, entre “las musas de Buñuel”, como sí lo hacen en estudios, congresos o reportajes Jeanne Moreau, Silvia Pinal o Catherine Deneuve a pesar de que podía cumplir, como las anteriores, con el concepto que el escritor alemán Wilhelm Jensen bautizó en el siglo XIX con el nombre de Gradiva.

El artículo completo en Vanity Fair.

Fina de Calderón, la compositora marquesa que “defendió” a España en el festival de Eurovisión

Josefinita le enseñó a leer las nucas Pastora Imperio. La bailaora gitana que estrenó el Amor Brujo de Manuel de Falla le legó a aquella niña que andaba con muletas sus trucos para adivinarle el futuro a alguien mirándole el cogote. Fue en la casa de la calle Padilla de Madrid, en la que el padre de la cría, Rafael Attard, recibía a gente tan diversa como la actriz Raquel Meller, escritores como los hermanos Machado y Federico García Lorca o políticos como Manuel Azaña, para quien el señor de la casa ejerció como consejero de Estado. En ese ambiente se crio la mujer que con 38 años firmó la canción que España presentó a Eurovisión en 1964. “¿Por qué sentí naufragar / mi corazón / de pronto aquel día?”, decía la letra de “Caracola” y algo parecido debieron sentir los integrantes del grupo encargado de interpretarla, TNT, cuando justo antes de salir a cantar en el Tivolis de Copenhague, un hombre se les adelantó, subió al escenario y desenrolló una pancarta. “Boicot a Franco y Salazar,” decía la tela que sostenía el espontáneo.

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