Rosario ‘La Tremendita’, una flamenca al compás de los versos de Anne Sexton

Rosario “La Tremendita” / Remedios Malvárez.

“Hostia”, responde La Tremendita al preguntarle si es una persona de muchas palabrotas. Ni la respuestas ni la cuestión tendrían importancia si no fuera porque durante la entrevista ha dicho varias veces “caos”, “crisis” y “rencor” para definir los últimos cuatro años de su vida. ¿Y cómo se exorciza todo eso? Pues despotricando y tirando de apodo, es decir, de carácter, para olvidar la que fue (niña y adolescente obediente e inmersa en la tradición jonda) y reivindicar lo que es (joven adulta que canta, escribe, compone y toca el bajo y la guitarra, sin olvidar el pasado pero pensando en futuro).

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Un Quijote urbano y jondo para una Dulcinea poderosa

Patricia Guerrero y Andrés Marín en “Don Quixote”. Foto: Jean Louis Douzet

Monopatín, cemento, travestismo y desnudez son sólo algunos de los muchos elementos que incorpora a su “Don Quixote” el bailaor Andrés Marín. La obra, que estrenó en noviembre en la Biennale d’Art Flamenco de París, es fruto de una residencia en el Teatro Chaillot y ha abierto el Festival de Nîmes 2018. La propuesta no es una recreación de la novela de Miguel de Cervantes, sino una visión muy personal del hidalgo de La Mancha con la que el bailaor parece exorcizar demonios propios. “No soy”, reza un cartel sobre las tablas. “No soy caballero de nadie”, canta Rosario La Tremendita por martinete y en esa frase parece estar la clave de una obra que Marín bailó como en los últimos tiempos: con movimientos cortos y explotando su faceta interpretativa casi más que la dancística.

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“Mi momento artístico actual se resume así: demostrar menos y disfrutar más”

image__Tremendita_Suma_4439153394464406775Tiene 30 años y dice, y se le nota, que está en un momento distinto al de hace dos, cuando grabó Fatum, el disco que presenta el día 27 de junio en la Suma Flamenca de Madrid. Su apodo le viene del padre, el también cantaor José “El Tremendo”, al que, según explica su hija, llamaban así porque era “malísimo y no podía parar quieto ni un segundo.” La inquietud de esta trianera ruge por dentro, pues por fuera tiene la risa fácil y se la intuye pacífica. La Tremendita no sólo canta: toca la guitara, el bajo eléctrico y el piano y además, escribe letras y dirige espectáculos. Además de Fatum tiene otros dos shows girando por el mundo: Qasida, donde se alía con el cantante iraní Mohammad Motamedi y en el que muestra su curiosidad por las músicas de otras latitudes; y Afectos, creado en colaboración con la bailaora Rocío Molina.

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‘Quejío’ y ‘tahir’

image__Qasida_4_5973825481160870162Cómo han crecido en estos cuatros años Mohammad Motamedi y Rosario La Tremendita. Si se miran las fotos de aquella Biennale de 2011en la que presentaron Qasida, se nota en sus caras. Pero donde más se apreció anoche su crecimiento fue en la sintonía que mostraron entre ellos, en la seguridad con la que se entrelazaron sus voces y sus culturas, en la manera en que resolvieron una propuesta que nada tiene de fácil.

La “reposición” de Qasida sucedió, domo diría Pareja Obregón, en el mismo sitio y a la misma hora que cuatro años atrás. Al Muziekgebouw aan ‘t IJ le faltó poco para el lleno y aunque costo un poquito calentar al público, en cuanto La Tremendita arrancó por fandangos y Mohammed enredó sus giros de garganta a los de ella, el auditorio se vino abajo. Ese trino que hace Mohammad, ese tahir tan complicado y tan bien hallado, quizás no entronque en ningún punto de su historia con el flamenco, pero no hay duda de que llegó al mundo para enlazarse aunque sólo fuera en citas furtivas y puntuales con un “quejío”.