Ghitta Carell: fotógrafa de royals, Papas y fascistas

Solo su obra es fiable, pues todo lo que queda de su vida y sus motivos son medias verdades, algunas mentiras y bastantes simplificaciones. Y casi todas las dijo ella misma. Ghitta Klein nació en 1899 en una familia judía de Satu Mare, ciudad que pertenecía a Hungría en aquel tiempo y que hoy es parte de Rumanía. Fue alumna de Székely Aladár, representante del realismo fotográfico en Budapest. También aprendió de Józef Pésci que, aunque más joven que ella, destacó retratando a artistas como el compositor Béla Bartók y publicando libros que servirían de guía a muchos fotógrafos de su país. Entre ellos, Ghitta, que se fijó en sus trabajos publicitarios para modelar el estilo que la convertiría en la reina de una fotografía mundana con la que se hizo célebre.

El reportaje completo en Vanity Fair. 

 

Chim, un reportero entre Ingrid Bergman y La Pasionaria

Fuma y medio sonríe y ambas cosas las hace sólo con los labios porque a David Seymour la alegría no le llega hasta los ojos. Con un retrato de la talla de un gigante y ese gesto, ‘Chim‘ da la bienvenida al visitante del Museo Judío de Ámsterdam, donde hasta el 10 de marzo se ofrece una retrospectiva de su obra fotográfica. Es la primera en Europa porque hasta en el eco ha sido más discreto que sus socios en la Agencia Magnum: Robert Capa y Henrie Cartier-Bresson, más nombrados, citados y recordados que el fotoperiodista polaco.

La exposición contiene 150 fotografías y un centenar de revistas y documentos personales elegidos y contextualizados por el Centro Fotográfico de Nueva York. En la sala conviven tomas de la miseria y el dolor de los niños de la segunda postguerra mundial con instantáneas de una esplendorosa Sofía Loren en bañador y medias de rejilla posando en su casa de Nápoles. Parece algo incoherente, pero tras ver la muestra queda algo claro: que en el trabajo de Chim se aprecian muchos contrastes, pero apenas hay contradicción.

El reportaje completo en Vanity Fair.