Laura Huxley, el nexo psicodélico entre Winona Ryder y el autor de ‘Un mundo feliz’

En marzo de 1996, Timothy Leary descubre que el cáncer de próstata que padece va a matarlo. Para despedirse convoca en su casa de Beverly Hills a una multitud de amigos que desde ese día hasta su muerte, el 31 de mayo, acuden a decir adiós al profesor de la Universidad de Harvard que ha pasado media vida investigando y promoviendo el uso de drogas psicodélicas en terapias piscológicas: Susan Sarandon, Tim Robbins y Oliver Stone. También un grupo de rastafaris, músicos del grupo The Mamas and the Papas, Yoko Ono y por supuesto, la ahijada del enfermo: Winona Ryder, que ya tiene en su curriculum títulos como Reality Bites, Mujercitas y está a punto de estrenar Jóvenes salvajes y El Crisol. Todos llevan algo de beber o de comer e intentan convertir el encuentro en lo que el agonizante quiere: una fiesta. Pero solo una de esas persona sabe de verdad de qué va todo eso: Laura Archera, la mujer que casi 30 años antes había estado en una “celebración” parecida, un encuentro en el que ella misma le administró a Aldous Huxley los 100 mg de LSD con los que el escritor, harto del cáncer que lo devoraba, le pidió ayuda para quitarse de en medio.

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La hermana de Primo Levi

Dos ganchos de escalada, tres clavos y un piolet fueron los regalos que Primo Levi recibió de Anna Maria al cumplir 19 años. De esa forma, la hermana pequeña animaba al mayor a que fortaleciera cuerpo y espíritu, pues como indica el biógrafo del escritor, Ian Thomson, el chico tenía de su padre Cesare “cierta tendencia a fanfarronear” pero no su dinamismo ni su don de gentes. Tampoco poseía el arrojo de su abuelo materno, el empresario textil Cesare Luzzati, que ayudó a desenterrar 84.000 cadáveres que dejó en Sicilia el terremoto de 1908.

El brío y la chispa los heredó Anna Maria, pues Primo fue un niño apocado al que una infección grave de las vías respiratorias volvió aún más introvertido. Durante el año que pasó en cama, recibió clases particulares de dos profesoras que lograron que hiciera dos cursos en uno. Pero lo que parecía un progreso se volvió un problema en el instituto: Primo era un niño delicado y enclenque al lado de sus compañeros, ya preadolescentes, el único judío entre gentiles. Se convirtió en la presa predilecta de los abusones, a quienes Anna Maria, más alta y más recia que su hermano, plantó cara alguna vez.

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