Un viaje a París y una medalla de Tiffany: así consoló EEUU a las mujeres que perdieron a sus hijos en la Primera Guerra Mundial

Sobre una medalla de bronce de 37 milímetros, una estrella de oro de 18 quilates separa a la Estatua de la Libertad de la Torre Eiffel. Una cinta tricolor –roja, blanca, azul– de 33 centímetros de longitud permite colgarla del cuello. Para obtener esa medalla solo era necesario un requisito: haber perdido un hijo en la Gran Guerra. La pieza es obra de Tiffany & Co, que entre los años 1930 y 1931 hizo 3.653 copias de una placa que fabricó del mismo modo que hace sus joyas: como si fueran únicas. Pero ese colgante recogía un momento aún más solemne que una pedida de mano o un aniversario: era el souvenir que el gobierno estadounidense entregó a las madres que fueron de Nueva York a París para visitar las tumbas de sus hijos caídos en Europa. No era un viaje cualquiera, era una peregrinación. Y conseguirla había costado más de diez años de lucha.

El reportaje completo en Vanity Fair.

Käthe Kollwitz: una piedad en primera persona del femenino singular

La Piedad de Miguel Ángel, la de Tiziano, la de Rubens o la de Fouquet. Y en esa lista de creadores destacados que un día se inspiraron en el dolor de una madre que pierde un vástago, solo una mujer: Käthe Kollwitz, la artista que talló en bronce su propio duelo. La escultora alemana no diseñó una progenitora joven e inmortal como la Virgen de Miguel Ángel, sino una anciana y derribada. Y el hijo, su hijo Peter, no yace sobre sus piernas sino entre ellas. Con ese autorretrato y esa ubicación, Kollwitz despoja su Piedad de toda religiosidad y ofrece un cuadro humano. Tanto, que el cuerpo femenino que agarra el cadáver, además del dolor por la muerte, expresa la impotencia por una menopausia que le impide reemplazar al difunto por un bebé para poner, de alguna forma, la vida en marcha de nuevo.

El artículo completo en La Esfera de Papel

Formiggini, un suicida en un país sin obituarios

En 2018 se han cumplido 80 años de la aprobación del Manifiesto Racial de Mussolini, el que arrebató la nacionalidad italiana a los judíos e inició su persecución. El mismo año de su entrada en vigor, el editor Angelo Fortunato Formiggini protestó por esas leyes tirándose de un campanario. Continuar leyendo “Formiggini, un suicida en un país sin obituarios”

Intelectuales nazis: apuestos, cultos y asesinos

Esta entrevista se hizo cuando Creer y destruir salió a la venta: hace año y medio. La pieza no se publicó en el medio que la había comprado por motivos que tienen que ver con la inestabilidad laboral a la que está sometida una periodista autónoma. La promoción del libro caducó, pero no el libro ni lo que cuenta en esta entrevista el historiador francés Christian Ingrao: el papel que tuvieron destacados académicos alemanes en los órganos de represión del Tercer Reich.

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