Käthe Kollwitz: una piedad en primera persona del femenino singular

La Piedad de Miguel Ángel, la de Tiziano, la de Rubens o la de Fouquet. Y en esa lista de creadores destacados que un día se inspiraron en el dolor de una madre que pierde un vástago, solo una mujer: Käthe Kollwitz, la artista que talló en bronce su propio duelo. La escultora alemana no diseñó una progenitora joven e inmortal como la Virgen de Miguel Ángel, sino una anciana y derribada. Y el hijo, su hijo Peter, no yace sobre sus piernas sino entre ellas. Con ese autorretrato y esa ubicación, Kollwitz despoja su Piedad de toda religiosidad y ofrece un cuadro humano. Tanto, que el cuerpo femenino que agarra el cadáver, además del dolor por la muerte, expresa la impotencia por una menopausia que le impide reemplazar al difunto por un bebé para poner, de alguna forma, la vida en marcha de nuevo.

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