La reina Isabel II, videntes y zepelines: así se convirtió el Empire State en el edificio más fotografiado del mundo

El Empire State Building cumple 88 años y aunque hace 48 que dejó de ser el edificio más alto del mundo, ningún otro compite con él albergando anécdotas. Construido en el mismo lugar donde estuvo durante décadas el Hotel Waldorf Astoria, entre la quinta avenida y la calle 34, el rascacielos se levantó en Nueva York durante los años de la Gran Depresión y fue el sueño de un hombre pobre: Alfred E. Smith. Al, como le conocían los neoyorquinos y le llamaba la prensa, dejó de estudiar a los 13 años, cuando se quedó huérfano de padre. Criado en Manhattan, llegó a ser sheriff de su ciudad y gobernador aunque toda su formación la adquirió en el mercado de pescado de Fulton, donde trabajó para sacar adelante a su familia. Por eso, aunque en su carrera llegó a ser el primer candidato católico del Partido Demócrata en unas presidenciales, Smith siempre recordaba en sus discursos a los trabajadores, especialmente a los inmigrantes, siendo como era nieto de italianos e irlandeses.

El artículo completo en Vanity Fair.

Walt Whitman, sin casa en Nueva York

Unas chapas de aluminio tienen la culpa de que la Comisión de Preservación de Sitios Históricos de Nueva York haya rechazado hacerse cargo de la casa donde vivió Walt Whitman. Eso y la tercera planta que inquilinos posteriores construyeron y que, según el ente, dejó la morada muy distinta a la que habitó el escritor. Pero la ONG New York Preservation Archive Project ha pedido al Ayuntamiento que recapacite y ha abierto un Change.org que en pocas horas obtuvo más de 3.000 apoyos. Uno de ellos es el de Karen Karbiener, responsable de la Walt Whitman Initiative, entidad que en 2019 celebrará los actos del 200º aniversario del nacimiento del poeta: “Esperamos que la Comisión entienda que no se trata de evaluar el mérito arquitectónico del número 99 de la calle Ryerson, sino su valor cultural, increíblemente significativo”.

El artículo completo en El País Semanal

Hacer del desamparo un arte: Olivia Laing en Nueva York

«Estaba obsesionada por encontrar relaciones, pruebas físicas de que otras personas habían pasado por lo mismo que yo y, mientras vivía en Manhattan, empecé a reunir obras de arte que parecían articular la soledad o sufrirla». Así describe Olivia Laing el contenido de La ciudad solitaria. Aventuras en el arte de estar solo (Capitán Swing, 2017), libro que es dietario, relato de idas y venidas por la ciudad y crítica, afinada y personal, de obras de arte y de artistas. El lugar no es un pueblo, ni el campo, ni una ciudad pequeña o mediana. Lo que retrata Laing en este libro es cómo se manifiesta la soledad «en las ciudades modernas y más concretamente cómo se ha manifestado en Nueva York a lo largo de los últimos setenta años». 

La reseña completa en Altaïr Magazine.

Weegee, el fotógrafo fanfarrón que convirtió el asesinato en un espectáculo

“La primera mujer que me llamó ‘cariño’ fue una puta”. Así arranca Weegee la narración de su vida sentimental en su autobiografía, libro en el que explica como llegó a Nueva York procedente de Austria cuando tenía diez años, y el modo en que hizo suya una ciudad que le empujó a dejar los estudios para ponerse a trabajar con 14 y dejar así de pasar hambre.

El perfil completo en Vanity Fair.