Strummer, Bisbal, Barcelona

Bajo del tren, salgo a la calle y cojo un taxi. “¿Llegas o vuelves?”, me pregunta el dueño. Su pelo oscuro, sus pecas y su descaro me recuerdan a Sandino, invento de Carlos Zanón en ‘Taxi’, propietario de un Prius amarillo y negro que no quiere regresar a casa porque cree que Lola, su mujer, lo va a dejar esa noche. Como él, tampoco yo quiero volver, pero lo hagoaunque vivir en la ficción tiene ventajas. El conductor de la novela es un poquito quien es por The Clash mientras que el mío sintoniza Radiolé porque una cosa es lo que soñamos ser y otra lo que somos. Joe Strummer contra David Bisbal, si los sumo a ambos y los divido entre dos, no salgo yo. Es la fórmula, sencilla, que demuestra que el arte no es la vida.

El artículo completo en El Periódico de Cataluña

No hay música en el futuro

Ni el pasado ni el futuro son difíciles. Uno pasó, el otro aún no ha llegado. Al primero hay que enfrentarse, al segundo, solo esperarlo. Complicado es el presente, eso que en la nueva Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de País a Largo Plazo llaman, con un poco de desdén, “cortoplacismo”. El Gobierno de Pedro Sánchez, cuentan, no la ha creado para adivinar el porvenir sino para adelantarse a él y poner remedio a aquellas cosas que puedan necesitarlo. Parece que quieran cambiar algo que hace algo más de 20 años lamentaba en un artículo el catedrático de Filosofía, y hasta hace poco presidente del Senado, Manuel Cruz: que el futuro se hubiera convertido en algo poco deseable. “El tiempo venidero ha perdido los rasgos y las determinaciones que poseía aquella venerable idea, para pasar a ser el espacio de la reiteración, de la proyección exasperada del presente”, decía, criticando que tanta gente -incluida la progresista– volviera sus ojos al pasado para usarlo y abusarlo, también políticamente.

El artículo completo en El Periódico de Cataluña

Fina de Calderón, la compositora marquesa que “defendió” a España en el festival de Eurovisión

Josefinita le enseñó a leer las nucas Pastora Imperio. La bailaora gitana que estrenó el Amor Brujo de Manuel de Falla le legó a aquella niña que andaba con muletas sus trucos para adivinarle el futuro a alguien mirándole el cogote. Fue en la casa de la calle Padilla de Madrid, en la que el padre de la cría, Rafael Attard, recibía a gente tan diversa como la actriz Raquel Meller, escritores como los hermanos Machado y Federico García Lorca o políticos como Manuel Azaña, para quien el señor de la casa ejerció como consejero de Estado. En ese ambiente se crio la mujer que con 38 años firmó la canción que España presentó a Eurovisión en 1964. “¿Por qué sentí naufragar / mi corazón / de pronto aquel día?”, decía la letra de “Caracola” y algo parecido debieron sentir los integrantes del grupo encargado de interpretarla, TNT, cuando justo antes de salir a cantar en el Tivolis de Copenhague, un hombre se les adelantó, subió al escenario y desenrolló una pancarta. “Boicot a Franco y Salazar,” decía la tela que sostenía el espontáneo.

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Dolores O’Riordan, la rockera rebelde que creía en dios

Dolores
Dolores O’Riordan.

Dolores tenía nombre de flamenca y cantaba como tal: con las tripas, con la sangre, como queriendo curarse, quién sabe si de sus contradicciones o de su infancia. El año que nació ella, 1971, el Movimiento de Liberación de las Mujeres Irlandesas fue noticia por organizar el “Tren Anticonceptivo” para viajar de Belfast a Dublín con un cargamento de preservativos. El objetivo, protestar contra la ley que prohibía importarlos. Pero la familia O’Riordan, católica y numerosa, vivía al margen de esa lucha y cuatro meses después nacía ella: la niña de Eileen y Terence, padres ya de seis varones.

El obituario completo en Vanity Fair.