Toser o no toser, he ahí la cuestión

“¿Podrían, por favor, dejar de toser?” La pianista Yuja Wang interrumpió así su reciente actuación en el Palau de la Música con gesto malcarado para pedir a la audiencia que redujera el número de expectoraciones, gargajeos y aclarados de garganta. No le faltaba razón: ella estaba ejecutando los preludios de Chopin y el público, más que escuchando, parecía empeñado en fulminar las estadísticas médicas, que marcan en 16 la media de carraspeos por adulto y día.

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Chuck Norris, al rescate de la música clásica

Edgar Martín bautiza melodías. Chuck Norris o Meg Ryan son para él los primeros movimientos de la sinfonía Júpiter de Mozart. “El primero es fuertote, muy intenso. El segundo es como una comedia romántica.”, explica el director de la orquesta Camerata Musicalis. “Mozart aporta a las sinfonías un tercer movimiento. Nadie lo espera y encima, acapara todo el protagonismo. Lo llamo el Pequeño Nicolás.”

Si Martín y su grupo tienen que hacer de cómicos además de músicos es porque la música clásica está sedienta de público. Según datos de la SGAE, de 2009 a 2014 se celebraron en España 2.617 conciertos menos; se perdieron más de un millón de espectadores y más de ocho millones de euros en recaudación.

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