Festival de Jerez: Los generosos no tienen miedo

image_14800_Esperanza_Fdez_Festival_de_Jerez_9232_4242418271845484080Los generosos no tienen miedo. Y Esperanza Fernández, que presentaba “De lo jondo y verdadero”, demostró en el Festival de Jerez que ella es valiente. La trianera calcó el repertorio que ya presentó en la Bienal de Sevilla hace cinco meses. Y lo hizo brava, segura, potente de voz y muy afinada. En Sevilla invitó a Rocío Márquez pero en Jerez sólo contó con la estampa y el compás de Ana Morales, que arrancó el recital bailando unas peteneras de infarto que Esperanza ejecutó con las mismas tripas.

Y a pesar de ese arranque brillante, se hizo y le hizo al público el regalo de ir superándose. Miguel Ángel Cortés a la guitarra puso su mirada protectora sobre ella y juntos consiguieron que cada palo supiera a magia. Soleá de Triana, mariana, guajira o milonga fueron algunos de los que se marcó la sevillana y con los que dejó claro el leitmotiv de su propuesta: centrarse en los palos que no se frecuentan. Pero no se olvidó de las alegrías o la bulerías para hacerle un guiño a Cádiz y a Jerez y estuvo sembrada, zumbona y portentosa con el cuerpo y la voz. Ana Morales remató con una liviana que enloqueció al público y demostró que Esperanza es generosa: la forma en que se acercó, la besó y la mostró al público para que la gozarán y la vitorearan da cuenta de ello. Lo mismo hizo con el resto de su equipo y lo mismo hace siempre cuando se acompaña de gente buenísima: ni le tiembla la mano, ni le puede la envidia para aplaudir a los otros o para darles su espacio.

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Ni común ni corriente

image__RocioMarquez_078_5104408851275348809Rocío Márquez estrenó “Por qué cantamos” en la Suma Flamenca, una propuesta  que musicó versos de Mario BenedettiErnesto Cardenal e incluso William Shakespeare, entre otros, para contestar a la pregunta que planteaba su espectáculo. Rocío apareció vestida de negro, algo nerviosa, con su aspecto pulcro y su voz límpida y aunque tuvo que pasar un rato hasta que su seso y su garganta tomaran calor, pronto fue evidente que esa noche la onubense iba a dar respuesta a más de un interrogante.

 

Rocío tiene un halo misterioso. Conoce y maneja tonos, ritmos, partituras, es estudiosa del flamenco y buena cantaora. Todo eso se vio desde el inicio: en la granaína invertida con la que empezó; en los tangos con los que homenajeó a Morente y le arrancó unos versos a Shakespeare e incluso en su versión de “La rosa” de Juan Ramón Jiménez. Lo hizo bien, sin ortopedias, pues consiguió que los poemas sonaran flamencos sin que nadie le robara protagonismo: ni poetas, ni poemas, ni la guitarra de Miguel Ángel Cortés, que es inmenso siempre y en todo lugar. Pero la pregunta seguía sin respuesta y su enigma sin desvelarse.

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