Strummer, Bisbal, Barcelona

Bajo del tren, salgo a la calle y cojo un taxi. “¿Llegas o vuelves?”, me pregunta el dueño. Su pelo oscuro, sus pecas y su descaro me recuerdan a Sandino, invento de Carlos Zanón en ‘Taxi’, propietario de un Prius amarillo y negro que no quiere regresar a casa porque cree que Lola, su mujer, lo va a dejar esa noche. Como él, tampoco yo quiero volver, pero lo hagoaunque vivir en la ficción tiene ventajas. El conductor de la novela es un poquito quien es por The Clash mientras que el mío sintoniza Radiolé porque una cosa es lo que soñamos ser y otra lo que somos. Joe Strummer contra David Bisbal, si los sumo a ambos y los divido entre dos, no salgo yo. Es la fórmula, sencilla, que demuestra que el arte no es la vida.

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Sublimación flamenca

La verdad es una nada más. No importa que ahora se estile decir “mi verdad”, en lugar de“mi versión”, seguramente por contagio de lo rosa y lo amarillo, los colores principales que expele la tele. Mayte Martín se quejaba hace unos días que la gente sólo se acerca a ver y escuchar los espectáculos que ofrecen en la pantalla. Porque no siempre lo más cacareado es lo mejor, qué disparate.

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Un viaje ‘martiniano’

maytemartin_deflamenco_porlosmuertosdelcanteEl jueves 24 de enero Mayte Martín clausuró el IV Catalunya Arte Flamenco estrenando el espectáculo “Por los muertos del cante”. Fue en la cúpula de las Arenas, en Barcelona, escenario incómodo y desabrido, que la cantaora enseguida convirtió en refugio. Había avisado de que haría algo muy personal, y se le notó a Mayte que estaba nerviosa. No en la voz, que manejó como siempre o quizás mejor, pero sí en los gestos y en la mirada.

Empezó con Los Campanilleros y el golpe fue brutal. Todo se convirtió en piedra. Nadie esperaba que fuera a empezar por ahí, pero la estocada fue de rendición. Mayte cantó casi llorando, subiendo  y bajando a voluntad. Ella, siempre elegante y más bien dulce, se quebró, se quejó, casi lloró con ese inicio. Y lo hizo de pie, rindiendo homenaje a los muertos que estaba a punto de resucitar. Empezó con La Niña de la Puebla y siguió con unas peteneras, que aunque a Martín se las enseñó su padre, trajeron al mismísimo Chacón desde la tumba.

Ven acá remediaora
y remédiame mis males
que si tú no los remedias,
no me los remedia nadie.

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