Antonio ‘El Bailarín’, el genio que empezó bailando por una caja de bombones

El apodo con el que Antonio se convirtió en una estrella fue fruto del desprecio de su padre. “El bailarín”, le decía Paco Ruiz a su hijo despectivamente cada vez que lo veía taconear o volver de la academia de Realito. Su madre, Lola Soler, echaba horas fregando suelos para abonar las tres pesetas semanales que costaban aquellas lecciones. Para ayudarla, Antonio bailaba por las calles con un músico callejero, Juan El organillero, pues Lola no siempre contaba con el apoyo de un cabeza de familia alcohólico y ausente. Así lo contó el artista en Memorias de un bailarín de España.

El artículo completo en Vanity Fair.

Manuel Alejandro: “Siempre escribí por encargo y este coronel ya no recibe cartas”

“El azar manda”, dice Manuel Alejandro por escrito, coqueto y juguetón, pero sin dejar ni una palabra al albur. El jerezano habla de casualidad para explicar por qué se dedicó a componer canciones: una fractura en el codo derecho lo retiró del piano y lo lanzó a lo que él denomina, poniéndole comillas, canción ligera. Fruto de esa lesión es parte de la memoria sentimental de España y Latinoamérica y lo que le puso palabras al vozarrón de Nino Bravo, a las tribulaciones de Luis Miguel o a la metamorfosis de niña prodigio a adulta de Marisol.

A todos esos cantantes y a otros muchos los moldeó Manuel con sus palabras: “Siempre escribo las canciones pensando en el perfil del artista y, sobre todo, en cómo creo que el público lo ve. En realidad, escribo ahondando en el personaje como si fuera el protagonista de una novela y me adentro en situaciones que pueden suceder o han sucedido”. Por eso dice Raphael que más que su compositor, Manuel Alejandro es su biógrafo.

La entrevista completa en Vanity Fair.