Strummer, Bisbal, Barcelona

Bajo del tren, salgo a la calle y cojo un taxi. “¿Llegas o vuelves?”, me pregunta el dueño. Su pelo oscuro, sus pecas y su descaro me recuerdan a Sandino, invento de Carlos Zanón en ‘Taxi’, propietario de un Prius amarillo y negro que no quiere regresar a casa porque cree que Lola, su mujer, lo va a dejar esa noche. Como él, tampoco yo quiero volver, pero lo hagoaunque vivir en la ficción tiene ventajas. El conductor de la novela es un poquito quien es por The Clash mientras que el mío sintoniza Radiolé porque una cosa es lo que soñamos ser y otra lo que somos. Joe Strummer contra David Bisbal, si los sumo a ambos y los divido entre dos, no salgo yo. Es la fórmula, sencilla, que demuestra que el arte no es la vida.

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El boxeo en tierra hostil

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De la pobreza al lujo, de la calle a una mansión y de paria a congresista. Esa es la evolución vital que ha hecho que escritores, periodistas y cineastas se interesen por la vida de Manny Pacquiao, el púgil filipino que el 2 de mayo perdió ante el estadounidense Floyd Mayweather el título mundial de peso wélter. Pac-Man, como se le conoce en el mundillo, no es el único al que el boxeo ha sacado de la miseria, pero no todos pueden aspirar a bolsas de 250 millones de dólares como la que se ha repartido en Las Vegas con su rival. Sadaf es un ejemplo. Para ella el ring fue una alternativa, una no tan excepcional en entornos adversos. Siendo niña, huyó de Afganistán y del régimen talibán con su familia. Se refugiaron en Irán y cuando regresó a su país se enfundó los guantes y se convirtió en la mejor boxeadora de un país que adora el pugilato. “Es la historia de alguien que lucha contra su destino, que aprende a salir adelante en un ambiente absolutamente hostil”, cuentan Juan Antonio Moreno y Silvia Venegas, directores de Boxing for Freedom, documental que narra la vida de Sadaf, merecedor de una Biznaga de Plata en el último Festival de Cine de Málaga y que se podrá ver los días 7 y 8 de mayo en DocumentaMadrid.

Moreno y Venegas aseguran que al acabar el rodaje su forma de ver este deporte había cambiado. “A Sadaf le dio serenidad, le enseñó a planificarse. Y a resistir”, cuenta Venegas. Para su compañero, no hay duda de que el cuadrilátero ha mejorado la vida de esta chica, la de su hermana y las de las treinta mujeres a las que atrajeron hasta el equipo femenino de boxeo. “Y se han convertido en un ejemplo para las jóvenes de su país”, apunta Moreno, afirmación que en la cinta formula alguien que sabe bien lo que es ser mujer en Afganistán: la exdiputada y activista Malalai Joia.

 

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