Festival de Jerez: Los siete locos

image__Un_ano_sin_Paco_Festival_Jerez_6916_3688549771707158523El día del homenaje a Paco de Lucía empezó con baile, que para algo es el de Jerez un festival dedicado a la danza. Olga Pericet y Marcos Flores bailaron juntos en la Sala Paúl varios pasos a dos que demostraron la buena sintonía que hay entre ellos. Se pasearon un rato por la historia emulando a parejas flamencas como Antonio Gades y Cristina Hoyos,  Antonio y Rosario o Argentinita y Alejandro Vega. La fórmula era preciosa porque, aunque la diferencia de estatura y envergadura entre ellos podría ser cómica, no lo es porque la saben hacer hermosa. Y es que no se le ve tan abrazador a Marco como con Olga.

Estos dos se complementan hasta en lo físico porque si el baile de Olga es más expresivo cuanto más se recoge, el de Marcos luce el triple cuando se estira y muestra toda su plasticidad. Fue una lástima que el formato de las parejas se rompiera para dar paso a unos textos dichos por José María Velázquez-Gaztelu que, sentado en una silla, se encargó de ir dando paso a los números o de hablar con ellos en una suerte de entrevista que no acabó de funcionar. No sólo porque Olga y Marco bastante tenían con darlo todo sobre la tarima, sino porque las preguntas redundaban en lo mismo y no hubo la hondura ni la precisión que sí mostraron, por ejemplo, los artistas con sus cuerpos. Marcos estuvo de diez en sus alegrías, y Olga bailó una soleá con bata de cola donde creció palmo y medio. Además de ser buenos bailaores, ambos demostraron ser buenos actores, algo imprescindible para darle un plus a cualquier palo.

Crónica completa en Deflamenco.com.

Lección de amor

image__uhf_2_7983196117416030135Cuando empezó la actuación de los miembros de Ultrahigh Flamenco con Oene van Geel, Maarten Ornstein y Tony Roe la tarde ya estaba elevada en Utrecht. A saber: master class de Farruquito; actuación del colectivo La Fábrica con Patricio Hidalgo a la cabeza; sesión de ‘neder-flamenco’ a cargo del BvR Flamenco-Jazz Sextet y documental sobre Renaud García-Fons que por si fuera poco, dio un concierto que puso de pie al público holandés, que pidió un bis y recibió una soleá vibrante capaz de derretir la nieve que a esas horas ya caía con furia en la ciudad.

Con ese panorama de música ubicua y palpitante, copos en el exterior y público insaciable, llegaron los de Ultrahigh Flamenco, Oene van Geel, Maarten Ornstein y Tony Roe para cerrar la noche en el Tivolivredenburg. ¿Qué cabría esperar a las diez de una noche helada? Lo mejor, como siempre, es no esperar nada. Porque sólo entonces sucede la magia o se aprende una lección maravillosa.

La de anoche fue de amor. La lección de que no existe ninguno imposible. Siete hombres subidos al escenario, esforzándose, superando barreras, luchando por entenderse, disfrutando del camino, sin prisa ni condiciones. Amor. Que no, que no hay amores imposibles. Como mucho lo parecen.

Los siete gigantes que tocaron anoche trabajaron sin tregua para entenderse. Y el resultado fue un hermoso flujo de música, qué no necesitó calentamiento, pues enseguida se les notó a gusto entre ellos y con el público. Abrieron tantos caminos como quisieron, probaron, se midieron e intentaron el amor de todos modos. Cada senda que marcaron la siguió el público encantado, cada camino lo empezaron despacito y lo acabaron en éxtasis. Que no, de verdad, créanme: no hay amores imposibles.

Reseña completa en Deflamenco.com.