La hermana de Primo Levi

Dos ganchos de escalada, tres clavos y un piolet fueron los regalos que Primo Levi recibió de Anna Maria al cumplir 19 años. De esa forma, la hermana pequeña animaba al mayor a que fortaleciera cuerpo y espíritu, pues como indica el biógrafo del escritor, Ian Thomson, el chico tenía de su padre Cesare “cierta tendencia a fanfarronear” pero no su dinamismo ni su don de gentes. Tampoco poseía el arrojo de su abuelo materno, el empresario textil Cesare Luzzati, que ayudó a desenterrar 84.000 cadáveres que dejó en Sicilia el terremoto de 1908.

El brío y la chispa los heredó Anna Maria, pues Primo fue un niño apocado al que una infección grave de las vías respiratorias volvió aún más introvertido. Durante el año que pasó en cama, recibió clases particulares de dos profesoras que lograron que hiciera dos cursos en uno. Pero lo que parecía un progreso se volvió un problema en el instituto: Primo era un niño delicado y enclenque al lado de sus compañeros, ya preadolescentes, el único judío entre gentiles. Se convirtió en la presa predilecta de los abusones, a quienes Anna Maria, más alta y más recia que su hermano, plantó cara alguna vez.

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Formiggini, un suicida en un país sin obituarios

En 2018 se han cumplido 80 años de la aprobación del Manifiesto Racial de Mussolini, el que arrebató la nacionalidad italiana a los judíos e inició su persecución. El mismo año de su entrada en vigor, el editor Angelo Fortunato Formiggini protestó por esas leyes tirándose de un campanario. Continuar leyendo “Formiggini, un suicida en un país sin obituarios”

Ferrys: huir o viajar

El Pireo, Atenas, verano de 2016. Son las seis de la mañana y en el puerto más importante de Grecia hay más policía que control. La gran cantidad de gente que atesta el muelle complica las tareas de vigilancia. Por eso, da la sensación de que aquí puede entrar cualquiera. «Cualquiera» se ha convertido en una palabra despectiva de amplio espectro. Antes, «cualquiera» era como algunos se permitían llamar a la mujer dueña de su vida y de su cuerpo y la misma palabra podía hacer referencia a un delincuente. Hoy, en Europa, «cualquiera» puede ser un refugiado.

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