El teatro, el fútbol o un amor inusual: lo que tienen en común Arrimadas y Macron

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La ganadora de las elecciones catalanas es una mujer aplicada, lo dicen todos, también ella misma. Quizás porque es la pequeña de cinco hermanos, quizás porque es perfeccionista, como diceAlbert Rivera, que con ese adjetivo no la humaniza sino todo lo contrario: la vuelve más lejana, más estática. Los analistas políticos ven en el líder de Ciudadanos a un Emmanuel Macron español o viceversa, por la juventud, la falta de complejos y el pisar fuerte, aunque a poco que se les observe es Inés y no Albert, la que más se le parece.

El perfil completo en Vanity Fair.

De Julio Iglesias a Robbie Williams pasando por el padre Apeles: los mejores momentos de la gran (e incierta) noche de Inés Arrimadas

En el bar del Hotel Catalonia Plaza, un señor toca el piano con un tacto delicioso. Ha elegido unas variaciones de Beethoven en do menor y las tres personas que lo escuchan cierran los ojos. Su música es un alivio en medio de un escrutinio electoral que ha ido muy lento. A continuación, el músico da un volantazo, se va de Alemania a Miami y se arranca por Julio Iglesias. “La vida sigue igual” dicen sus dedos en el momento que el reloj asegura que son las once y media; la televisión dice que Ciutadans tiene ya 36 escaños y Marta Rovira que es el independentismo el que ha ganado las elecciones.

Es 21 de diciembre de 2017 y un rato antes Inés Arrimadas, abogada jerezana afincada en Barcelona desde hace diez años, entra en el establecimiento con zapatos de tacón, plumífero negro y gesto abrumado. Un paso por detrás la sigue Xavier Cima, su marido y ex diputado de CiU, que dejó a un lado su carrera para cederle el protagonismo a ella. Ese mismo día, pero en 2011, Mariano Rajoy presentaba su primer equipo de gobierno, fruto de una mayoría absoluta obtenida en plena crisis económica.

La crónica completa en Vanity Fair. 

Inés Arrimadas o el día que en El Palace no entró un caballo blanco

Barcelona Tribuna

La líder de Ciudadanos presenta su programa en el hotel donde Dalí sorprendió a Gala con un corcel disecado, pero el acto de campaña del 21D no fue tan electrizante.

El hotel se llama El Palace, pero sigue siendo el Ritz. Cambia el cartel, pero dentro es casi lo mismo: puertas con visillos, cortinas abullonadas, lámparas de lagrimitas. Aquí durmieron políticos dispares: Primo de Rivera, Manuel Azaña o Juan Negrín y hoy explica Inés Arrimadas, líder de Ciutadans en Cataluña, su programa electoral. Con tal variedad, extraña que la CUP no forme parte de los coloquios que Barcelona Tribuna organiza en el hotel para la campaña del 21-D, pues hasta la CNT se hospedó bajo ese techo. Lo hicieron durante la Guerra Civil y por la vía de la confiscación, que también es unilateral, y por eso durante un tiempo, en lugar de bodegones, en las paredes del Ritz hubo un retrato de Lenin. Ah, los hoteles. Los hoteles sí que son equidistantes.

La cronica completa en Vanity Fair.

La lengua y el disfraz de pobre

Cuando mi abuela y su familia, que supongo que es la mía, llegaron a Barcelona fueron a vivir junto a otros murcianos a los barrios habilitados por el Patronato Municipal de la Habitación, en unas construcciones sin planificación ni lustre ubicadas en las afueras de la ciudad. Corrían los años 30. Luego Consuelo, que así se llamaba mi abuela, se casó y vivió toda su vida en las Viviendas del Gobernador, otro “exitazo” de la vivienda social ubicado en lo que luego se conocería como el distrito de Nou Barris, el mismo que hace una semana formaba parte del cinturón rojo por ser feudo socialista y que ahora ha desteñido hasta volverse naranja.

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