Laura Huxley, el nexo psicodélico entre Winona Ryder y el autor de ‘Un mundo feliz’

En marzo de 1996, Timothy Leary descubre que el cáncer de próstata que padece va a matarlo. Para despedirse convoca en su casa de Beverly Hills a una multitud de amigos que desde ese día hasta su muerte, el 31 de mayo, acuden a decir adiós al profesor de la Universidad de Harvard que ha pasado media vida investigando y promoviendo el uso de drogas psicodélicas en terapias piscológicas: Susan Sarandon, Tim Robbins y Oliver Stone. También un grupo de rastafaris, músicos del grupo The Mamas and the Papas, Yoko Ono y por supuesto, la ahijada del enfermo: Winona Ryder, que ya tiene en su curriculum títulos como Reality Bites, Mujercitas y está a punto de estrenar Jóvenes salvajes y El Crisol. Todos llevan algo de beber o de comer e intentan convertir el encuentro en lo que el agonizante quiere: una fiesta. Pero solo una de esas persona sabe de verdad de qué va todo eso: Laura Archera, la mujer que casi 30 años antes había estado en una “celebración” parecida, un encuentro en el que ella misma le administró a Aldous Huxley los 100 mg de LSD con los que el escritor, harto del cáncer que lo devoraba, le pidió ayuda para quitarse de en medio.

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Documentos contra recuerdos: ¿se conocieron Disney y Mussolini?

Guita Carell fotografió a todo el que fue alguien en la Italia fascista: desde princesas como María José de Saboya a artistas como Vittorio de Sica y por supuesto, políticos, incluido Mussolini. Pero en la serie de retratos que realizó durante los años 20 y 30 del siglo XX, se coló alguien que no tenía sangre real ni era italiano ni militó en el Partido Fascista: Walt Disney. Las tres fotografías que le hizo al creador estadounidense son de 1935 y cómo logró Carell captarlo sin salir de Italia lo explica el viaje, mitad turístico, mitad comercial que Disney, su esposa Lillian, su hermano Roy y la mujer de éste hicieron ese año por Europa.

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Ghitta Carell: fotógrafa de royals, Papas y fascistas

Solo su obra es fiable, pues todo lo que queda de su vida y sus motivos son medias verdades, algunas mentiras y bastantes simplificaciones. Y casi todas las dijo ella misma. Ghitta Klein nació en 1899 en una familia judía de Satu Mare, ciudad que pertenecía a Hungría en aquel tiempo y que hoy es parte de Rumanía. Fue alumna de Székely Aladár, representante del realismo fotográfico en Budapest. También aprendió de Józef Pésci que, aunque más joven que ella, destacó retratando a artistas como el compositor Béla Bartók y publicando libros que servirían de guía a muchos fotógrafos de su país. Entre ellos, Ghitta, que se fijó en sus trabajos publicitarios para modelar el estilo que la convertiría en la reina de una fotografía mundana con la que se hizo célebre.

El reportaje completo en Vanity Fair. 

 

Rosita Moreno, la actriz hispana que asesoró a Marlon Brando en Hollywood

Rosita Moreno era bilingüe, lo que le permitió dar el salto a los filmes originales, algo vetado para la mayoría de actrices españolas o mexicanas de la época. Aunque es posible que esa habilidad suya de manejarse con varios acentos no la ayudara a pasar a la historia del cine: para unos era española; para otros, americana. Ni España, ni México ni Estados Unidos le dedicaron atención a su trabajo. Por ejemplo, en el libro Los que pasaron por Hollywood(editorial Verdoux), una recopilación de entrevistas con artistas españoles que trabajaron en la meca del cine estadounidense en los años treinta, Moreno solo aparece en algún pie de foto. En cambio, sí que profundiza sobre la vida de las actrices Conchita Montenegro, Catalina Bárcena o Rosita Díaz.

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