Un viaje a París y una medalla de Tiffany: así consoló EEUU a las mujeres que perdieron a sus hijos en la Primera Guerra Mundial

Sobre una medalla de bronce de 37 milímetros, una estrella de oro de 18 quilates separa a la Estatua de la Libertad de la Torre Eiffel. Una cinta tricolor –roja, blanca, azul– de 33 centímetros de longitud permite colgarla del cuello. Para obtener esa medalla solo era necesario un requisito: haber perdido un hijo en la Gran Guerra. La pieza es obra de Tiffany & Co, que entre los años 1930 y 1931 hizo 3.653 copias de una placa que fabricó del mismo modo que hace sus joyas: como si fueran únicas. Pero ese colgante recogía un momento aún más solemne que una pedida de mano o un aniversario: era el souvenir que el gobierno estadounidense entregó a las madres que fueron de Nueva York a París para visitar las tumbas de sus hijos caídos en Europa. No era un viaje cualquiera, era una peregrinación. Y conseguirla había costado más de diez años de lucha.

El reportaje completo en Vanity Fair.

Picasso por bulerías

No hay constancia de que Pablo Ruiz Picasso entrara nunca en ninguno de los catorce cafés cantante que había a finales del siglo XIX cerca de la casa donde creció, en la de plaza de la Merced de Málaga. El que sí los frecuentaba era su padre, José Ruiz Blasco, a quien la fundación que gestiona las cosas de su célebre hijo define como un tipo “ingenioso y bromista pertinaz” y un “dandy aficionado a los toros y al cante flamenco”, música que dejó huella en la vida y en la obra de Picasso.

“Pero es curioso porque se le ha analizado desde todos los puntos de vista: Picasso y la televisión; Picasso y los toros; Picasso y Fellini…. Pero apenas se ha prestado atención a su relación con lo jondo”, explica Francis Mármol, periodista y autor de los textos que han dado origen a Y Picasso recordaba elflamenco, una exposición con 18 ilustraciones de Emmanuel Lafont que puede verse hasta el 21 de diciembre en la Alianza Francesa de Málaga.

El reportaje completo en Vanity Fair.