Antonio ‘El Bailarín’, el genio que empezó bailando por una caja de bombones

El apodo con el que Antonio se convirtió en una estrella fue fruto del desprecio de su padre. “El bailarín”, le decía Paco Ruiz a su hijo despectivamente cada vez que lo veía taconear o volver de la academia de Realito. Su madre, Lola Soler, echaba horas fregando suelos para abonar las tres pesetas semanales que costaban aquellas lecciones. Para ayudarla, Antonio bailaba por las calles con un músico callejero, Juan El organillero, pues Lola no siempre contaba con el apoyo de un cabeza de familia alcohólico y ausente. Así lo contó el artista en Memorias de un bailarín de España.

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Enrique Morente y Edipo o el valor de un traspié

Hago un llamamiento a la censura. Propongo que en el octavo año de la muerte de Enrique Morente evitemos palabras como “revolución” o “genio”. No es que no lo definan, es que dichas así, sin explicarlas, no dicen nada. Lo que sugiero es que ahondemos y también, por qué no, le honremos recordando algún traspié del cantaor que se autodefinió como “el eterno discípulo”.

Yo me quedo, por afinidades, con su participación en El mito de Edipo Rey, obra que se estrenó en el Festival de Teatro Clásico de Mérida en 1982, de la compañía de José Luis Gómez, dirigida por Stavros Doufesis y a partir de la traducción que firmó otro inclasificable, Agustín García Calvo. El de Granada fue elegido para interpretar, junto a la cantante Natalia Duarte, lo que le encargaron en una obra que fue problemática desde el inicio, también para Enrique, de quien se quejó el equipo griego porque no entraba a tiempo o no llegaba a algunas notas.

La propuesta se puede ver en la web de RTVE. La aparición de Morente es corta y no de las más lucidas. No todo fue culpa suya, algo tendría que ver lo de meter el flamenco con calzador con una dirección musical que corrió a cargo de la parte griega. Apenas he encontrado algo escrito sobre una pieza que giró poco y casi no se dijo nada sobre el cantaor, pero siempre he creído que experiencias de ese tipo enriquecen a un artista tanto como sus éxitos.

Con esa idea en la cabeza vi en su día el documental Omega, dirigido por José Sánchez Montes y Gervasio Iglesias, donde me pareció que la angustia de Morente ante la producción del disco era real pero era antigua. El miedo que se le adivina ante la incertidumbre del proyecto con los Lagartija Nickno era nuevo para él, pero parece como si los tropezones hubieran hecho el efecto de curtirlo, no de arredrarlo.

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Las flamencas de LaboratoriA: a la justicia por la belleza

“Reniego de mi sino”, cantan Anna Colom y Cristina López en un esbozo de seguiriya. “Reniego de mi sino”, dicen en el mismo tono y con las mismas palabras que emplearon en su día Tomás Pavón o Chocolate. Pero es 2018 y si hasta el lugar donde cantan, El Dorado, prefiere llamarse Sociedad Flamenca a llamarse peña, está claro que nada significa hoy lo mismo que hace 50 años.

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Manuel Alejandro: “Siempre escribí por encargo y este coronel ya no recibe cartas”

“El azar manda”, dice Manuel Alejandro por escrito, coqueto y juguetón, pero sin dejar ni una palabra al albur. El jerezano habla de casualidad para explicar por qué se dedicó a componer canciones: una fractura en el codo derecho lo retiró del piano y lo lanzó a lo que él denomina, poniéndole comillas, canción ligera. Fruto de esa lesión es parte de la memoria sentimental de España y Latinoamérica y lo que le puso palabras al vozarrón de Nino Bravo, a las tribulaciones de Luis Miguel o a la metamorfosis de niña prodigio a adulta de Marisol.

A todos esos cantantes y a otros muchos los moldeó Manuel con sus palabras: “Siempre escribo las canciones pensando en el perfil del artista y, sobre todo, en cómo creo que el público lo ve. En realidad, escribo ahondando en el personaje como si fuera el protagonista de una novela y me adentro en situaciones que pueden suceder o han sucedido”. Por eso dice Raphael que más que su compositor, Manuel Alejandro es su biógrafo.

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Picasso por bulerías

No hay constancia de que Pablo Ruiz Picasso entrara nunca en ninguno de los catorce cafés cantante que había a finales del siglo XIX cerca de la casa donde creció, en la de plaza de la Merced de Málaga. El que sí los frecuentaba era su padre, José Ruiz Blasco, a quien la fundación que gestiona las cosas de su célebre hijo define como un tipo “ingenioso y bromista pertinaz” y un “dandy aficionado a los toros y al cante flamenco”, música que dejó huella en la vida y en la obra de Picasso.

“Pero es curioso porque se le ha analizado desde todos los puntos de vista: Picasso y la televisión; Picasso y los toros; Picasso y Fellini…. Pero apenas se ha prestado atención a su relación con lo jondo”, explica Francis Mármol, periodista y autor de los textos que han dado origen a Y Picasso recordaba elflamenco, una exposición con 18 ilustraciones de Emmanuel Lafont que puede verse hasta el 21 de diciembre en la Alianza Francesa de Málaga.

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David Lagos, creador flamenco

Mauri Buhigas / La Bienal
Mauri Buhigas / La Bienal

En el escenario del Café Alameda había cuatro hombres y un vaso negro. No se preocupe si no reparó en el detalle que anoche fue una noche para pulverizar esquemas y permitirle al futuro colarse por los oídos. El cantaor podría haber optado por una botellita de agua para aliviar su garganta y enfrentarse el vértigo, pero el suyo no era un recital al uso, por eso el recipiente no era de cristal, ni de plástico, ni era botella y era oscuro.

Si usted usa con frecuencia frases como “no le des más vueltas” o “así ya está bien” no entenderá lo del vaso ni quién es David Lagos, que tras estrenar Hodierno en la Bienal de Sevilla acaba de ponérselo complicadísimo a cualquier flamenco, a los de la ortodoxia, a los de la heterodoxia y mucho peor a los que venden humo. Porque la brecha temporal en el imaginario sonoro que abrió anoche el jerezano no está al alcance de nadie más que de él.

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Diez años sin Mario Maya, el flamenco que anticipó el futuro

“En el bis está el peligro”. La frase es de Mario Maya y la recuerda Isabel Bayón, que lo define como la mayoría de sus compañeros: culto, disciplinado y con un oído musical fuera de serie. “No le gustaban las obras largas y lo del bis es porque decía que el final era muy importante, pues puede destrozarte un buen espectáculo”, rememora la bailaora sobre un artista que falleció hace diez años.

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Rosalía, más Madonna que Beyoncé

Rosalía no es Lola Flores, ni quiere ser popular como la Pantoja. Sus referentes están fuera de España, pero tampoco es Beyoncé, demasiado próxima en edad para servir de baliza, y Rihanna es otra historia. De compararla con alguien habría que hacerlo con Madonna, lo que demuestra que seguimos 40 años por detrás de la gran máquina de hacer negocios (especialmente musicales) que es Estados Unidos. Porque de eso, de business, va esta historia.

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Rocío Molina y un embarazo por soleá

Sïlvia Pérez Cruz, Lola Cruz y Rocío Molina Cruz. / foto: Pablo Guidal
Tres mujeres bailan y cantan el deseo de ser madre en Grito pelao. / foto: Pablo Guidal

“Siempre detesté la idea de ser madre”, dice Rocío Molina, lista para presentar Grito pelao junto a Sílvia Pérez Cruz el 18 de julio en el Grec de Barcelona. En el espectáculo, la bailaora narra su rechazo inicial, el anhelo posterior y su momento actual, pues ya está embarazada y embarazada bailará la historia de “una lesbiana sin pareja que quiere tener un hijo”. En su anterior trabajo, Caída del cielo, puso su físico al límite en dos horas de frenesí con las que exploró el cuerpo femenino y lo bello de sus tabúes, menstruación incluida.

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