El peso de ser un Agujetas en Jerez

Misterio, negrura, primitivismo. Lamento, casta, puro, soníos negros. El duende. Lo oscuro. La verdad. Con esas palabras definían los fans a Antonio de los Santos Bermúdez en el documental que el realizador Juan López-Cepero le dedica al cantaor. Se titula Palabra de Agujetas y se presentó en el Centro Andaluz del Flamenco de Jerez de la Frontera el 3 de marzo, 24 horas antes de que cantara en la misma ciudad el hijo de Dolores, hermana del biografiado. El joven se llama como su tío, su sobrenombre es “Agujetas Chico” y el sábado dejó a todo el que lo oyó con el alma llena, no vacía, como dicen sentirse los seguidores de su tío cuando lo ven actuar. Y no es un cambio de guion pequeño tratándose de esta familia.

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Palomar, Rivera, Jaén y El Junco: psicoanálisis flamenco y a compás

Foto: Ana Palma.

Lo mejor para querer, cuidar o reñir bien a los demás es empezar por uno mismo. Y eso es lo que hicieron David Palomar, Riki Rivera, El Junco y Roberto Jaén en ¿Qué pasaría si pasara?, un canto a la libertad que llevaron al Festival de Jerez e iniciaron con un guirigay de lugares comunes sobre su tierra, Cádiz, y los gaditanos. “Que en Cádiz sabemos dolernos”, “Que todo no va a ser sal”…. Y así arrancó el espectáculo más original y sano que ha parido el flamenco en los últimos años, un show en el que sus protagonistas fueron hombres orquesta que hacen de todo porque así son estos tiempos y ellos, ayer lo dejaron claro, son hijos legítimos del presente.

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Morales, Márquez y Molina: flamencas ‘for president’

Fotos: Javi Fergó.

Era Jerez y era el Día de Andalucía. Y tres fueron la hijas de lo jondo que se dieron cita en el festival jerezano y todas fueron buenas. Buenas por excelentes, no por obedientes porque las tres demostraron lo mucho que da de sí hacer lo que se quiere sabiendo lo que se hace.

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Festival de Jerez: Los generosos no tienen miedo

image_14800_Esperanza_Fdez_Festival_de_Jerez_9232_4242418271845484080Los generosos no tienen miedo. Y Esperanza Fernández, que presentaba “De lo jondo y verdadero”, demostró en el Festival de Jerez que ella es valiente. La trianera calcó el repertorio que ya presentó en la Bienal de Sevilla hace cinco meses. Y lo hizo brava, segura, potente de voz y muy afinada. En Sevilla invitó a Rocío Márquez pero en Jerez sólo contó con la estampa y el compás de Ana Morales, que arrancó el recital bailando unas peteneras de infarto que Esperanza ejecutó con las mismas tripas.

Y a pesar de ese arranque brillante, se hizo y le hizo al público el regalo de ir superándose. Miguel Ángel Cortés a la guitarra puso su mirada protectora sobre ella y juntos consiguieron que cada palo supiera a magia. Soleá de Triana, mariana, guajira o milonga fueron algunos de los que se marcó la sevillana y con los que dejó claro el leitmotiv de su propuesta: centrarse en los palos que no se frecuentan. Pero no se olvidó de las alegrías o la bulerías para hacerle un guiño a Cádiz y a Jerez y estuvo sembrada, zumbona y portentosa con el cuerpo y la voz. Ana Morales remató con una liviana que enloqueció al público y demostró que Esperanza es generosa: la forma en que se acercó, la besó y la mostró al público para que la gozarán y la vitorearan da cuenta de ello. Lo mismo hizo con el resto de su equipo y lo mismo hace siempre cuando se acompaña de gente buenísima: ni le tiembla la mano, ni le puede la envidia para aplaudir a los otros o para darles su espacio.

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Festival de Jerez

image__Ruben_Olmo_Tentacion_de_Poe_Festival_de_Jerez_7333_6601885966880818540El viernes fue completo en el Festival de Jerez y ofreció formas opuestas de ver el flamenco. El arranque fue a las siete de la mano de dos Carpio: Alfonso y José, que dieron un recital en el Palacio Villavicencio mostrando, a quien no lo supiera, a qué sabe la Plazuela de Jerez. Solvencia, dominio y aje para abrir boca. Y un par de bulerías, primero de Alfonso, después de José, que dejaron al auditorio con ganas de juerga.

La medianoche también fue gitana pero no jerezana. Iván Vargas, directo del Sacromonte, bailó en la Sala Compañía en el ciclo “Savia nueva” con un acompañamiento de lujo. A saber: Miguel Lavi, David El Galli y Simón Román, que cantaron a un nivel y tanto rato que casi eclipsan al protagonista. Mención aparte merece el violín de David Moreira, que toca el instrumento con gusto exquisito y le suena flamenquísimo. Iván brilló en la farruca, marca de la casa de la que procede, que para mas brillo le coreografió Manolete.

Olmo versus Poe

El espectáculo del Teatro Villamarta estuvo en el extremo contrario de los shows anteriores. Rubén Olmo presentaba en Jerez “La tentación de Poe”, donde da cuenta de los últimos días del escritor estadounidense. En un alarde de virtuosismo dancístico, Rubén hizo un trabajo excepcional con el cuerpo y con la mente. Virginia, la esposa del poeta, apareció encarnada en el cuerpo de Sara Vázquez, que resultó deliciosa al interpretar a una hembra más fantasmal que corpórea.

Excepcional fue la música, toda en directo, siguiendo el ritmo frenético y terrible de Rubén. La percusión de Agustín Diassera, impecable y pertinente, estuvo presente en todo el show, ya fuera acompañando el pasar de las horas, la llegada del cuervo o a la magnífica corte de espectros de ciudad que atosigan a Poe, lo enfrentan con sus miedos y lo llevan hasta la muerte. El cello de Sancho Almendral y el violín de Bruno Axel sonaron acompasados, precisos y adecuados a la historia narrada en un ejercicio de toque para atrás impecable en ambos casos.

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Festival de Jerez: Los siete locos

image__Un_ano_sin_Paco_Festival_Jerez_6916_3688549771707158523El día del homenaje a Paco de Lucía empezó con baile, que para algo es el de Jerez un festival dedicado a la danza. Olga Pericet y Marcos Flores bailaron juntos en la Sala Paúl varios pasos a dos que demostraron la buena sintonía que hay entre ellos. Se pasearon un rato por la historia emulando a parejas flamencas como Antonio Gades y Cristina Hoyos,  Antonio y Rosario o Argentinita y Alejandro Vega. La fórmula era preciosa porque, aunque la diferencia de estatura y envergadura entre ellos podría ser cómica, no lo es porque la saben hacer hermosa. Y es que no se le ve tan abrazador a Marco como con Olga.

Estos dos se complementan hasta en lo físico porque si el baile de Olga es más expresivo cuanto más se recoge, el de Marcos luce el triple cuando se estira y muestra toda su plasticidad. Fue una lástima que el formato de las parejas se rompiera para dar paso a unos textos dichos por José María Velázquez-Gaztelu que, sentado en una silla, se encargó de ir dando paso a los números o de hablar con ellos en una suerte de entrevista que no acabó de funcionar. No sólo porque Olga y Marco bastante tenían con darlo todo sobre la tarima, sino porque las preguntas redundaban en lo mismo y no hubo la hondura ni la precisión que sí mostraron, por ejemplo, los artistas con sus cuerpos. Marcos estuvo de diez en sus alegrías, y Olga bailó una soleá con bata de cola donde creció palmo y medio. Además de ser buenos bailaores, ambos demostraron ser buenos actores, algo imprescindible para darle un plus a cualquier palo.

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