Luise Straus, una vida a la sombra de Max Ernst y sepultada por los nazis

YA NO necesitas un marido. Tienes 28 años. Lo sabes todo del amor”, le dijo Max Ernst a Luise Straus el día que rompió con ella. Corría 1921, Colonia era una ciudad abierta, tolerante y culturalmente intensa, pero Ernst había decidido irse a París para ampliar sus horizontes artísticos. También le empujaba a marcharse el romance a tres que vivía con Gala y Paul Eluard. Ante las lágrimas de Luise, el artista intentó un último consuelo: “Tienes un hijo. ¿Qué más quieres?”. Ella respondió con desesperación: “¡Quiero vivir!”. Lo que Max Ernst no sabía es que estaba de nuevo embarazada. Y nunca lo sabría porque días después de ser abandonada, Luise Straus iniciaba un viaje a Insbruck para abortar.

El reportaje completo en El País Semanal.

 

Catherine Deneuve, del Manifiesto de las 343 zorras a llamar al feminismo “caza de brujas”

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El día en que Simone de Beauvoir, la feminista más citada del planeta, hubiera cumplido 110 años, un centenar de artistas e intelectuales francesas publica un manifiesto en el que defienden el derecho de los hombres a “importunar” como parte de su libertad sexual. En él denuncian también una ola de “puritanismo sexual” y afirman que “la seducción insistente y torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista”. Entre las firmantes, la actriz francesa más conocida del mundo: Catherine Deneuve.

Este no es el primer manifiesto que firma la protagonista de Belle de jour. La primera vez que dio su apoyo a un texto colectivo fue en 1971. Era el “Manifiesto de las 343”, un grupo de mujeres muy famosas que reconocían haber abortado alguna vez. Pronto se las conoció como “Las 343 zorras”. Con esa confesión, las firmantes se arriesgaban a ir a prisión, pero fue el modo que encontraron de presionar al Gobierno de Valéry Giscard d’Estaing para que despenalizara el aborto en Francia. El texto, redactado por De Beuvoir, apareció en portada de Le Nouvel Observateur con fotos de sus principales apoyos. Y ahí, en primera plana, estuvo Deneuve.

El artículo completo en Vanity Fair. 

Se acabaron los palos: la cantaora Rocío Márquez rinde homenaje a la mujer

‘Firmamento’ es un disco en el que aúna flamenco, jazz, música clásica y popular, con un objetivo: contra el machismo y la desigualdad. Las letras son de Isabel Escudero, Santa Teresa de Jesús, María Salgado y Christina Rosenvinge.

Perfil completo en El Español.

El feminismo se pone flamenco

Cada vez más cantaoras como Alicia Carrasco y Lourdes Pastor escriben, cantan y reclaman letras adaptadas al siglo XXI. Hablan de temas sociales y se niegan a retratar a mujeres sumisas o resignadas. 

Ni subordinadas, ni resignadas, ni reprimidas. Ni guardar la honra, ni cerrar las piernas, menos aún la boca. Así se reivindican cada vez más flamencas. También flamencos, que se apuntan a escribir coplas jondas adaptadas al siglo XXI. “Mi tío escribe mis temas aunque sus poemas son el resultado de las charlas que tenemos los dos sobre asuntos que nos preocupan”, explica Lourdes Pastor, que tiene dos discos en el mercado.

En el último, ¿A quién le cantaré yo?, incluye un tema en el que critica los contenidos de los libros de texto. Se titula María y Lucía y en él lamenta que en los colegios aún se explique casi exclusivamente la Historia y el Arte hechos por hombres. “No entiendo que no se les dé a leer a Simone de Beauvoir o a conocer la obra de Frida Khalo, mujeres que juraría es la primera vez que se nombran en el flamenco”, dice riendo.

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Sindicatos con techo de cristal

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“Para los hombres, militar o dirigir un sindicato es un derecho. No se plantean si desatienden su casa o su familia. Nosotras sí.” María Jesús Cedrún es la secretaria general de UGT-Cantabria y dice sentirse “una excepción.” La Confederación Europea de Sindicatos (CES) le da la razón: una encuesta con datos de 2015 revela que las mujeres sólo ocupan el 14,5% de las cúpulas sindicales. La CES ha contado secretarías generales y presidencias, ha analizado las funciones de cada puesto y ha concluido que en Europa hay 55 sillones sindicales con máximo poder político. Las mujeres ocupan sólo ocho. Y alertan de que “la situación ha empeorado en los últimos cincos años.”

“Son comadronas, no mineros.” Así explica la británica Frances O’Grady que el movimiento obrero ha cambiado. O’Grady es la secretaria general del Trade Union Congress (TUC). Los carteles con los que hace campaña están protagonizados por trabajadoras que claman contra la reforma de la ley de sindicatos que quiere aprobar el primer ministro David Cameron. Ella lidera una entidad que agrupa a la mayoría de sindicatos ingleses y galeses y que ya supera el 50% de afiliadas. Su caso personal es una de las excepciones que recoge el informe de la CES.

El reportaje completo en El Español.