Contra el flamenco de liar

“Aquí empezó todo.”  El Perla dice esto mientras señala en dirección al mar, hacia unas Ramblas repletas de turistas medio vestidos que parecen sufrir la ciudad más que gozarla. “Aquí me estrené como artista en esta ciudad”, cuenta El Perla indicando la puerta del Teatro Capitol, ante la que se ha presentado con moño, pantalón blanco y camisa oscura. Las manos de un guitarrista son importantes, por eso cuando levanta el dedo para señalar el paseo que lo recibió cuando llegó a Barcelona destacan tanto sus uñas de porcelana. “Me las hace un chino cerca de casa. Imagina la cantidad que gasto con dos actuaciones al día.” Esas garras artificiales son la única licencia que se permite un guitarrista de corte gitano que tiene una idea muy clara de lo que es flamenco: “Cada cual le da su chispa, pero este arte acepta poca invención. Es una herencia a la que estamos faltando el respeto.”

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Debut con nota

image__El_Yiyo_020_2920420412708395966El Yiyo llegó de Barcelona con sus 18 años a cuestas y su condición de debutante al Teatro de la Abadía de la mano de El Güito aunque en realidad, lo hizo solo. El maestro le montó una farruca, marca de su casa, con la que el joven abrió el espectáculo para dar paso al veterano bailaor que demostró su sabiduría demostrando que un giro de su muñeca vale aún por diez velocísimos zapateados. También cantó, para deleite de quienes lo admiran y demostrando que cuando el cuerpo no acompaña, la sal y lo recorrido son una buena forma de suplirlo. A partir de ahí, dejó solo al debutante, al que quizás le habría ido bien un poquito más de generosidad por parte del maestro, pero que se defendió de maravilla teniendo en cuenta las circunstancias y los nervios de rigor.

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