David Lagos, creador flamenco

Mauri Buhigas / La Bienal
Mauri Buhigas / La Bienal

En el escenario del Café Alameda había cuatro hombres y un vaso negro. No se preocupe si no reparó en el detalle que anoche fue una noche para pulverizar esquemas y permitirle al futuro colarse por los oídos. El cantaor podría haber optado por una botellita de agua para aliviar su garganta y enfrentarse el vértigo, pero el suyo no era un recital al uso, por eso el recipiente no era de cristal, ni de plástico, ni era botella y era oscuro.

Si usted usa con frecuencia frases como “no le des más vueltas” o “así ya está bien” no entenderá lo del vaso ni quién es David Lagos, que tras estrenar Hodierno en la Bienal de Sevilla acaba de ponérselo complicadísimo a cualquier flamenco, a los de la ortodoxia, a los de la heterodoxia y mucho peor a los que venden humo. Porque la brecha temporal en el imaginario sonoro que abrió anoche el jerezano no está al alcance de nadie más que de él.

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“Me gusta la guitarra más que cualquier otra cosa”

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Cuántas veces se confunde a un tímido con un hombre introspectivo. Ese es el caso de Alfredo Lagos, que suscita esa confusión entre quienes no le conocen. Los que lo tratan de cerca, sin embargo, hablan de él como un hombre “para adentro”. Israel Galván lo define con más contundencia: “Solitario”, dice el bailaor sevillano del guitarrista, “tipo Paco de Lucía, con la guitarra siempre al lado.” Alfredo, sin embargo, huye de la comparación con el de Algeciras, por un pudor que en su caso, suena sincero. “Yo no me ‘escondí’ tras la guitarra, como decía el maestro de sí mismo. A mí me gusta la guitarra más que cualquier otra cosa”, confiesa y añade que tampoco habría podido dedicarse a otra disciplina porque le gusta cantar, pero no tiene voz y asegura muy rotundo que si se pone a bailar, lo meten preso.

Le quita peso a la timidez que gasta y dice que un artista tiene que salir de la zona de confort, arriesgarse y experimentar. Por eso, a pesar de que ama Jerez y vive a gustísimo allí, está planeando mudanza a Madrid para aprovechar las ventajas de la capital ahora que va a salir su primer disco. “La gente está ansiosa y eso me tensa pero es una buena señal. Ya está grabado, mezclado y masterizado.” Lo ha gestado ahora, pasados los cuarenta, porque un disco es, dice él, como un hijo: “Salvando las distancias, llegan cuando llegan.” Sobre la paternidad no se ha decidido aunque asegura que empieza a planteárselo de otro modo.“Nunca me he visto preparado pero quizás ante de que se me pase del todo el arroz me decido.” Si le pasa como con los álbumes, quizás le vengan las criaturas tarde pero de dos en dos, pues informa de que ya está preparando el segundo trabajo discográfico. “Y anuncio que no tendrá nada que ver con el primero.”

Nombrarle a su familia es nombrarle el amor, lo tiene claro. “Es lo único verdadero que tenemos. Sé que cuando mi madre y mis hermanos me abrazan, ahí hay amor verdadero. Y que si me hiciera falta un riñón, me lo darían. ¿Hay algo más importante que eso?”

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Triunfo balsámico

image__630Ganadores_7088647486599493163David Lagos ganó la Lámpara Minera del Festival de Cante de las Minas de La Unión. Ese es el titular, la noticia, el dato frío, claro y sin adornos. Pero no da cuenta de la intensidad de la final de un certamen que ha premiado a un jerezano capaz de aunar estudio con guasa, saber con sonrisa, y gesto amable con hondura extrema. David demostró que hay que ser serio en La Unión pero que no hace falta ponerse grave. Esa parece su forma de tomarse la vida y así se toma el cante quien trabaja, escarba y araña cada letra, cada nota y cada palo para extraer lo mejor de sus recursos.

David acabó enamorando a muchos escépticos, que veían en Sebastián Cruz un candidato más “unionero”, y los conquistó en una final donde se rompió por siguiriyas, apuró en los cantes mineros y reventó las costuras del recinto y de las mentes estrechas al cantar por alegrías demostrando que un estudioso no es siempre un aburrido, ni un soso, ni un cenizo. David interpreta cada palo y tiene cualidades para hacerlo porque sabe ponerle cara y gesto a lo que cada estilo precisa. Cantar se canta con todo el cuerpo, no solo con la garganta, de la misma manera que un baile no puede ser sólo pierna. Y cuando Lagos pone en marcha su bien engrasada maquinaria, cabeza, corazón, voz y tendones se coordinan para cantar. Y esa fue una de las diferencias que lo alejó de sus competidores, cantaores muy competitivos que mostraron técnicas impecables y voces portentosas, pero también lejanía entre sus pulsos y sus gargantas.

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