Periodistas pródigos

“Ahora los poderes viven en promiscuidad”, decía Rosa María Calaf hace poco lamentando que tanta proximidad impida a los periodistas cumplir su tarea principal: fiscalizar al poder político y económico. La prensa es el cuarto poder solo de nombre y el papel de un informador no es equiparable al de juez o legislador, pero como escribía María Rodríguez en Politibot a propósito de Katharine Graham y el Washington Post, “es uno de los pocos negocios privados donde el principal interés es el servicio público”.

Para llevarlo a cabo se recomienda que el periodista mantenga la distancia y esté vigilante. De esa máxima que se enseña en primero de periodismo se derivan muchos debates sobre el oficio, pero ninguno ahonda en la figura del informador que da el salto a la política y luego vuelve a informar.

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