“Querida odiada mamá”, o cómo Isherwood deconstruyó a su madre

“Te agradezco mucho que me ofrezcas diez libras para pagar mis deudas”, le escribe Christopher Isherwood a su madre en 1935. Tiene 31 años y vive en Berlín con su novio Heinz Neddermeyer,a quien intenta librar del servicio militar en la Alemania nazi. Por ese motivo cambia constantemente de país y de ciudad, y es testigo de los cambios políticos que se están dando en el continente: “La situación en Europa está poniéndose muy fea”, escribe solo seis días después de que Adolf Hitler aprobara las racistas y antisemitas Leyes de Nuremberg. En ese momento es difícil calibrar lo que acabará pasando.Y por eso resume así cómo ve la situación: “Todo el mundo coincide en que Hitler ha venido para quedarse. Aunque supongo que lo mismo decían de Napoleón”.

El artículo completo en Vanity Fair.

Elena Francis, policía de la moral y cómplice del maltrato

Mujeres oficinistas de la Industrial Sedera un domingo de paseo (1950-1953). Foto: ACBL
Mujeres oficinistas de la Industrial Sedera de paseo (1950-1953). Foto: ACBL

“La felicidad no existe”, decía la Elena Francis que contestaba por carta, mucho más cruda y severa que la que daba sus consejos por la radio. Las dudas que planteaban las oyentes en las misivas que no se radiaban no iban sobre cómo darle color a las mejillas, eliminar el vello o adelgazar y eran difíciles de edulcorar, pues hablaban de infidelidades, aborto, violencia sexual o incestos. Lo explican Rosario Fontova y Armand Balsebre, autores de Las cartas de Elena Francis: una educación sentimental bajo el franquismo (Cátedra, 2018), donde queda claro que cuando la cosa se ponía seria, Francis oscurecía el tono y a veces, no pocas, daba la callada por respuesta.

El artículo completo en Vanity Fair.