“El flamenco que yo bailo es puro y duro”

image_11892_anapalma_0510_472267276432504688Karime aúna en su habla acentos de dos orillas. A pesar de llevar desde los 18 años corriendo por España mantiene esa mezcla de dulzura y contundencia que tienen los mexicanos pero emplea con frecuencia giros y expresiones andaluzas. Esa mixtura también se nota en sus rasgos: al mirarla, no se sabe si sus ojos son gitanos o lo es su piel o si es México lo que se ve en sus facciones. Karime es nieta de Antonia, una de las hermanas de Carmen Amaya que se quedó en México buscando la estabilidad que no le proporcionaban las giras de La Capitana. El padre de Karime, Santiago Aguilar, es mexicano y el día que entró por la puerta de la academia de Antonia para aprender flamenco, se encontró con una saga y se enamoró de la hija de su profesora. Y de ese amor nació Karime, la generosa, que es lo que quiere decir su nombre en árabe.

La entrevista completa en Deflamenco.com

La jaula se volvió pájaro

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Las fotografías que se muestran en La Virreina Centre de la Imatge del último año de vida de Carmen Amaya no la muestran como la mujer alegre que algunos han descrito. En las archiconocidas imágenes del rodaje de la película “Los Tarantos” (Francisco Rovira Beletta, 1963) Carmen tiene el semblante triste. Colita, que es muy dueña de los sentimientos ajenos, la retrató con ese gesto agrio, duro y dolorido, que no doliente. Carmen siempre estuvo enferma, quizás aquellos riñones suyos que tanto malestar le dieron, le dejaron esa expresión en la cara.

Eso y otras cosas, claro.

De la muestra llama la atención la superficialidad con la que se trata al personaje. No las fotos, claro, que son como radiografías del sentir de La Capitana, sino de la muestra en sí, del poco espacio y del monotema sobre su fuerza, su duende y su misterio. Me encantaría que hablaran, aunque solo fuera de vez en cuando, de las cuitas de Carmen Amaya, de sus anhelos, de sus frustraciones de una forma más profunda.

Y de esa otra cosa que nadie mienta, claro.

Por más que la conocieran o admiraran, escritores, periodistas, amigos, flamencos varios, siempre dan descripciones demasiado parecidas sobre su persona. Hablan de sus brazos, de su nervio, de su brío, de dos o tres anécdotas siempre repetidas que dicen muy poco de alguien que representó tanto para la cultura flamenca, la gitana y también “la catalana”. Esto último lo dijo el conseller de Cultura, Ferran Mascarell, en la inauguración del Año Carmen Amaya.

Pero también a él se le olvidó hablar de esa otra cosa, claro.

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