Palomar, Rivera, Jaén y El Junco: psicoanálisis flamenco y a compás

Foto: Ana Palma.

Lo mejor para querer, cuidar o reñir bien a los demás es empezar por uno mismo. Y eso es lo que hicieron David Palomar, Riki Rivera, El Junco y Roberto Jaén en ¿Qué pasaría si pasara?, un canto a la libertad que llevaron al Festival de Jerez e iniciaron con un guirigay de lugares comunes sobre su tierra, Cádiz, y los gaditanos. “Que en Cádiz sabemos dolernos”, “Que todo no va a ser sal”…. Y así arrancó el espectáculo más original y sano que ha parido el flamenco en los últimos años, un show en el que sus protagonistas fueron hombres orquesta que hacen de todo porque así son estos tiempos y ellos, ayer lo dejaron claro, son hijos legítimos del presente.

La crónica completa en Deflamenco.com

El mejor arte hecho por delincuentes

carceles-pintura-poesia-reinsercion_social-arte_178494437_23462535_1706x1280Camarón de la Isla es el artista más retratado en las cárceles catalanas. La música que más suena y se hace allí dentro es flamenco, hip hop y rock urbano. El arte taleguero se hace con lo que el reo tiene a mano, miga de pan y hasta el propio pelo, pero esta muestra es otra cosa.

El reportaje completo en El Español.

La lengua y el disfraz de pobre

Cuando mi abuela y su familia, que supongo que es la mía, llegaron a Barcelona fueron a vivir junto a otros murcianos a los barrios habilitados por el Patronato Municipal de la Habitación, en unas construcciones sin planificación ni lustre ubicadas en las afueras de la ciudad. Corrían los años 30. Luego Consuelo, que así se llamaba mi abuela, se casó y vivió toda su vida en las Viviendas del Gobernador, otro “exitazo” de la vivienda social ubicado en lo que luego se conocería como el distrito de Nou Barris, el mismo que hace una semana formaba parte del cinturón rojo por ser feudo socialista y que ahora ha desteñido hasta volverse naranja.

Sigue en Ctxt.

Un tablao para Camarón

Estoy en Casa Camarón de la Isla. En ese ambiente tan calé, destaca un medio payo imponente. Me invoca desde su silla, me habla como si me conociera de siempre y sólo se levanta para que mire la uña de su meñique. “Es así de pequeñito”, dice clavándome los ojos y haciendo fuerza con ellos para que entienda la gravedad de lo que explica. “Es chiquito pero hay metástasis y es mortal”. Habla del tumor que mató a Camarón de la Isla y lo describe en presente porque no está recordando: está reviviendo el día que en la Clínica Mayo un médico les dijo que lo que consumía al cantaor no tenía cura. Y lo vuelve a vivir cada vez que lo cuenta. Le llaman Tío Candado pero se llama José y en su casa pasó sus últimos días el cantaor de la Isla. Yo ya lo sé cuando me estrecha la mano el día en que se cumplen 23 años del adiós a Camarón y contesta a preguntas que no le hago.

Sigue en El Estado Mental.