Podéis llamarme Farruco

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Un rato antes del estreno de Cara y cruz, se encendían las luces navideñas que adornan estos días las calles de Barcelona. Pero a la Sala Apolo le salió otro ornato: la cola que se formó para entrar a ver bailar a tres “farrucos” por el precio de uno. En la hilera se apiñaba muchísima gente joven, algo que alegró el ambiente porque no siempre sucede que en un evento flamenco la media de edad del público augure futuro. Los “farrucos” siempre generan expectación y esta vez había interés en ver la propuesta de Barullo tras haber ganado el pasado verano El Desplante del Festival de Cante de las Minas de La Unión.

La cosa empezó más de media hora tarde y con una pretensión innecesaria: la de explicar el espectáculo con las voces en off del bailaor y su madre, La Faraona, que vino a explicar quién era el chico. Y ese prólogo, además poco ensayado, no hacía falta. Porque en cuanto Barullo empezó a bailar, a la función le pasó como a las buenas novelas: que beben de otras más viejas pero se explican solitas.

Barullo empezó sentado y con el torso desnudo, pero fue anudarse una camisa al ombligo, arrancar por bulerías y ni nombrar sus apellidos le habría hecho falta, pues cada uno de los elocuentes golpes que fabricó con sus caderas parecían decir con gusto y con esmero: “Podéis llamarme Farruco”. Y es que, salvando las diferencias de bagaje, edad y corpulencia, sus piernas y sus caderas, parecieron las de su abuelo. Hasta el sombrero lucía Barullo, hasta el bastón.

Reseña completa en Deflamenco.com.

Triunfo balsámico

image__630Ganadores_7088647486599493163David Lagos ganó la Lámpara Minera del Festival de Cante de las Minas de La Unión. Ese es el titular, la noticia, el dato frío, claro y sin adornos. Pero no da cuenta de la intensidad de la final de un certamen que ha premiado a un jerezano capaz de aunar estudio con guasa, saber con sonrisa, y gesto amable con hondura extrema. David demostró que hay que ser serio en La Unión pero que no hace falta ponerse grave. Esa parece su forma de tomarse la vida y así se toma el cante quien trabaja, escarba y araña cada letra, cada nota y cada palo para extraer lo mejor de sus recursos.

David acabó enamorando a muchos escépticos, que veían en Sebastián Cruz un candidato más “unionero”, y los conquistó en una final donde se rompió por siguiriyas, apuró en los cantes mineros y reventó las costuras del recinto y de las mentes estrechas al cantar por alegrías demostrando que un estudioso no es siempre un aburrido, ni un soso, ni un cenizo. David interpreta cada palo y tiene cualidades para hacerlo porque sabe ponerle cara y gesto a lo que cada estilo precisa. Cantar se canta con todo el cuerpo, no solo con la garganta, de la misma manera que un baile no puede ser sólo pierna. Y cuando Lagos pone en marcha su bien engrasada maquinaria, cabeza, corazón, voz y tendones se coordinan para cantar. Y esa fue una de las diferencias que lo alejó de sus competidores, cantaores muy competitivos que mostraron técnicas impecables y voces portentosas, pero también lejanía entre sus pulsos y sus gargantas.

Crónica completa en Deflamenco.com.