Aurora, el flamenco que hace llorar y recita a Dante

En sus directos la gente llora. Ocurrió en su debut en el Auditori hace justo un año. Fue en el ciclo Emergents, donde estrenaron formación y un disco que se llama como ellos: Aurora. En él, letras de Lorca y composiciones de Albéniz, Falla o Pedrellque a veces suenan a canción popular, otras a rock, muchas a jazz. Hoy, con una gira más que jugosa a sus espaldas, han aprendido tanto que el 17 de mayo inauguran el festival Ciutat Flamenco de Barcelona.

La entrevista completa en Vanity Fair.

Barcelona tiene poder… flamenco

Mariola Membrives, José Manuel Álvarez y Pere Martínez son ejemplos del flamenco que se genera en Barcelona, que no sólo recibe artistas y los ofrece, también pare, forma y aúpa el talento de los lunares. Los tres son ya de la capital catalana aunque de formas distintas: ella, nacida en Andújar y criada en Córdoba, llegó hace doce años después de haber estudiado arte dramático. Martínez es de Les Planes y Álvarez nació en Cabezas de San Juan (Sevilla) pero lo trajeron sus padres con pocos años.

Los tres actúan en el festival Ciutat Flamenco, el más importante del calendario barcelonés, que este año cumple 25 ediciones. Arranca hoy en la Sala Apolo con la actuación de Aurora, grupo formado por la voz de Martínez y el baile de Álvarez con el piano de Max Vilavecchia, el bajo de Javi Garrabella y la batería de Joan Carles Marí. Todos son hijos del Taller de Músics, organizador de la cita y lugar donde imparte clases Membrives, que cantó con La Fura dels Baus en FreeBach 212.

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Las chicas de Terenci

“Yo era un adolescente muy triste y muy solitario que no tenía absolutamente nada en el mundo, sólo el cine”. Terenci Moix hablaba así ante Sara Montiel en Más estrellas que en el cielo, programa de TVE que presentó a finales de los años 80. Ese día, ante su ídolo, explicó una anécdota ocurrida en la Nochevieja de 1958: “Fui al Cine Texas de Barcelona a ver un programa doble: Sinué el Egipcio y El último cuplé“. A las doce, era costumbre que la película parara y la gente llevara uvas y botellas de cava para beber y brindar, pero él, que se pasó la infancia yendo solo a todas partes, sólo lloró. “Yo lo que quería es que volviera la ficción”, confiesa el Terenci adulto recordando al chico sin amigos que fue al cine sin champán.

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