Strummer, Bisbal, Barcelona

Bajo del tren, salgo a la calle y cojo un taxi. “¿Llegas o vuelves?”, me pregunta el dueño. Su pelo oscuro, sus pecas y su descaro me recuerdan a Sandino, invento de Carlos Zanón en ‘Taxi’, propietario de un Prius amarillo y negro que no quiere regresar a casa porque cree que Lola, su mujer, lo va a dejar esa noche. Como él, tampoco yo quiero volver, pero lo hagoaunque vivir en la ficción tiene ventajas. El conductor de la novela es un poquito quien es por The Clash mientras que el mío sintoniza Radiolé porque una cosa es lo que soñamos ser y otra lo que somos. Joe Strummer contra David Bisbal, si los sumo a ambos y los divido entre dos, no salgo yo. Es la fórmula, sencilla, que demuestra que el arte no es la vida.

El artículo completo en El Periódico de Cataluña

Bailar en el espacio

Dos veces por semana, sobrevuelo el Eixample para comprobar si Rudy mantiene la ‘osteria’ de la calle Muntaner donde yo viajaba -con la boca- hasta esa Italia que no sé si podré morder de nuevo. Luego, miro el patio de mi vecina, buscando su pelo cano y los periódicos que lee cada día bajo la luz grisácea de Barcelona. Así recorro ahora mi ciudad, desde lejos, o mejor desde una nada con forma de app llamada Google Earth a la que me acostumbré durante el Primer Confinamiento, cuando comprobé que solo la distancia se reproduce a una velocidad parecida a la de un virus.

El artículo completo en El Periódico de Cataluña

Como una segunda madre para ellos: el vínculo especial entre Rosa María Sardá y sus hermanos

Rosa María Sardà solo dio a luz un hijo, pero fue madre de otros cuatro: Santi, Fede, Javier y Juan, sus hermanos. El más conocido es el penúltimo, periodista y presentador, hoy tertuliano y columnista, y el que siempre ha mostrado, al menos públicamente, más admiración por ella. La puso negro sobre blanco en 2012, cuando publicó Mierda de infancia, un libro en el que el conductor de La ventana (Cadena Ser), La bisagra (RNE) o Crónicas Marcianas recordaba sus primeros años de vida en los que, entre otras cosas, fue descubriendo “que Rosa era genial, no sólo como actriz”.

El artículo completo en Vanity Fair.

Las flamencas de LaboratoriA: a la justicia por la belleza

“Reniego de mi sino”, cantan Anna Colom y Cristina López en un esbozo de seguiriya. “Reniego de mi sino”, dicen en el mismo tono y con las mismas palabras que emplearon en su día Tomás Pavón o Chocolate. Pero es 2018 y si hasta el lugar donde cantan, El Dorado, prefiere llamarse Sociedad Flamenca a llamarse peña, está claro que nada significa hoy lo mismo que hace 50 años.

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Rocío Molina y un embarazo por soleá

Sïlvia Pérez Cruz, Lola Cruz y Rocío Molina Cruz. / foto: Pablo Guidal
Tres mujeres bailan y cantan el deseo de ser madre en Grito pelao. / foto: Pablo Guidal

“Siempre detesté la idea de ser madre”, dice Rocío Molina, lista para presentar Grito pelao junto a Sílvia Pérez Cruz el 18 de julio en el Grec de Barcelona. En el espectáculo, la bailaora narra su rechazo inicial, el anhelo posterior y su momento actual, pues ya está embarazada y embarazada bailará la historia de “una lesbiana sin pareja que quiere tener un hijo”. En su anterior trabajo, Caída del cielo, puso su físico al límite en dos horas de frenesí con las que exploró el cuerpo femenino y lo bello de sus tabúes, menstruación incluida.

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Aurora, el flamenco que hace llorar y recita a Dante

En sus directos la gente llora. Ocurrió en su debut en el Auditori hace justo un año. Fue en el ciclo Emergents, donde estrenaron formación y un disco que se llama como ellos: Aurora. En él, letras de Lorca y composiciones de Albéniz, Falla o Pedrellque a veces suenan a canción popular, otras a rock, muchas a jazz. Hoy, con una gira más que jugosa a sus espaldas, han aprendido tanto que el 17 de mayo inauguran el festival Ciutat Flamenco de Barcelona.

La entrevista completa en Vanity Fair.

Barcelona tiene poder… flamenco

Mariola Membrives, José Manuel Álvarez y Pere Martínez son ejemplos del flamenco que se genera en Barcelona, que no sólo recibe artistas y los ofrece, también pare, forma y aúpa el talento de los lunares. Los tres son ya de la capital catalana aunque de formas distintas: ella, nacida en Andújar y criada en Córdoba, llegó hace doce años después de haber estudiado arte dramático. Martínez es de Les Planes y Álvarez nació en Cabezas de San Juan (Sevilla) pero lo trajeron sus padres con pocos años.

Los tres actúan en el festival Ciutat Flamenco, el más importante del calendario barcelonés, que este año cumple 25 ediciones. Arranca hoy en la Sala Apolo con la actuación de Aurora, grupo formado por la voz de Martínez y el baile de Álvarez con el piano de Max Vilavecchia, el bajo de Javi Garrabella y la batería de Joan Carles Marí. Todos son hijos del Taller de Músics, organizador de la cita y lugar donde imparte clases Membrives, que cantó con La Fura dels Baus en FreeBach 212.

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Las chicas de Terenci

“Yo era un adolescente muy triste y muy solitario que no tenía absolutamente nada en el mundo, sólo el cine”. Terenci Moix hablaba así ante Sara Montiel en Más estrellas que en el cielo, programa de TVE que presentó a finales de los años 80. Ese día, ante su ídolo, explicó una anécdota ocurrida en la Nochevieja de 1958: “Fui al Cine Texas de Barcelona a ver un programa doble: Sinué el Egipcio y El último cuplé“. A las doce, era costumbre que la película parara y la gente llevara uvas y botellas de cava para beber y brindar, pero él, que se pasó la infancia yendo solo a todas partes, sólo lloró. “Yo lo que quería es que volviera la ficción”, confiesa el Terenci adulto recordando al chico sin amigos que fue al cine sin champán.

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Bailar por seguiriyas para olvidar los palos

Tras un zapateado de infarto, Peter Sellers abraza a Antonia y le da besos en la cabeza mientras ella piensa: «Me voy a ganar un palizón». Antonia Santiago Amador es La Chana y la escena sucede en el rodaje de The Bobo, al que llega como la estrella de Los Tarantos, tablao de la Plaza Real barcelonesa que aún sigue en marcha. Su talento lo conocen todos en esa sala, lo que no saben es que Antonia es una mujer desgraciada por culpa de un «gitano malo» que la molió a palos durante 18 años.

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