Devorar el Douro

Hoy, a media mañana, mi cuerpo se quitó de encima nueve almanaques y medio. Pasó en un coche negro, cuando observaba el modo en que dos hombres jóvenes hablaban y se conocían. Fue en una curva donde sin darme cuenta me sorprendí sumando sus vidas con la mía y las dividí entre tres: así volví a la edad en que dejé de fumar.

Cuando tomé aquella decisión, sentí que estrenaba cuerpo, y no me sentí más adulta, ni más responsable, sino más niña, más limpia, tierna de nuevo. Entonces, como hoy, me volvieron a brotar el paladar y el olfato y un sexto sentido que me hizo creer durante un tiempo que todo tenía arreglo.

Vuelvo a notarlo: desde que hice esa media dejó de dolerme el cuello, no preciso ni las gafas y siento que peso menos. Hay quien lo llama esperanza.

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