Laura Huxley, el nexo psicodélico entre Winona Ryder y el autor de ‘Un mundo feliz’

En marzo de 1996, Timothy Leary descubre que el cáncer de próstata que padece va a matarlo. Para despedirse convoca en su casa de Beverly Hills a una multitud de amigos que desde ese día hasta su muerte, el 31 de mayo, acuden a decir adiós al profesor de la Universidad de Harvard que ha pasado media vida investigando y promoviendo el uso de drogas psicodélicas en terapias piscológicas: Susan Sarandon, Tim Robbins y Oliver Stone. También un grupo de rastafaris, músicos del grupo The Mamas and the Papas, Yoko Ono y por supuesto, la ahijada del enfermo: Winona Ryder, que ya tiene en su curriculum títulos como Reality Bites, Mujercitas y está a punto de estrenar Jóvenes salvajes y El Crisol. Todos llevan algo de beber o de comer e intentan convertir el encuentro en lo que el agonizante quiere: una fiesta. Pero solo una de esas persona sabe de verdad de qué va todo eso: Laura Archera, la mujer que casi 30 años antes había estado en una “celebración” parecida, un encuentro en el que ella misma le administró a Aldous Huxley los 100 mg de LSD con los que el escritor, harto del cáncer que lo devoraba, le pidió ayuda para quitarse de en medio.

El artículo completo en Vanity Fair.

“Querida odiada mamá”, o cómo Isherwood deconstruyó a su madre

“Te agradezco mucho que me ofrezcas diez libras para pagar mis deudas”, le escribe Christopher Isherwood a su madre en 1935. Tiene 31 años y vive en Berlín con su novio Heinz Neddermeyer,a quien intenta librar del servicio militar en la Alemania nazi. Por ese motivo cambia constantemente de país y de ciudad, y es testigo de los cambios políticos que se están dando en el continente: “La situación en Europa está poniéndose muy fea”, escribe solo seis días después de que Adolf Hitler aprobara las racistas y antisemitas Leyes de Nuremberg. En ese momento es difícil calibrar lo que acabará pasando.Y por eso resume así cómo ve la situación: “Todo el mundo coincide en que Hitler ha venido para quedarse. Aunque supongo que lo mismo decían de Napoleón”.

El artículo completo en Vanity Fair.