La sombra de Esperanza Aguirre: Ayuso y Almeida, ¿quién es su heredero en la gestión de la crisis del coronavirus?

El símbolo de esta herencia es un cuadro. El que quiere poner la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso en las paredes de la Real Casa de la Moneda, sede del gobierno regional: uno de su precedesora, Esperanza Aguirre. Lo anunció a principios de marzo, no hace ni un mes, aunque parece que haya pasado una vida, y lo justificó diciendo que tanto Aguirre como Cristina Cifuentes merecen “un huequito” en la historia de Madrid. De ese modo, Ayuso –que trabajó en ‘Madrid Network’ durante la legislatura de Aguirre y fue la responsable de la cuenta de Twitter de su perro, Pecas– reivindicaba los pasos de su mentora, de quien en esta crisis del Covid-19 se está mostrando como fiel sucesora. No así el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, que también creció políticamente –fue número 3 de Aguirre en el consistorio– al calor de la condensa de Bornos.

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Yves Bertossa, el fiscal suizo que ha puesto contra las cuerdas a Juan Carlos I

En 2008 Yves Bertossa saltaba a las pantallas tras ordenar la detención de Aníbal Gadafi, hijo del dictador libio, por maltratar a dos empleadas de hogar durante sus vacaciones en Suiza. El abogado tenía 33 años y, según los registros de la Fiscalía de Ginebra, no hacía ni un año que trabajaba en el organismo donde su padre, Bernard Bertossa, fue fiscal general. Era la primera vez que el hijo salía en las noticias, pero no la última, pues desde entonces ha sentado en el banquillo a Víktor Yanukóvich, expresidente de Ucrania, por blanqueo de dinero; a Jérôme Cahuzac, ex ministro de Hacienda francés, por una cuenta en Suiza no declarada; y logró que un banco, el HSBC, pagara 38 millones de euros tras llegar a un acuerdo para no llevar a juicio a sus directivos, acusados de lavado de dinero

Hoy Bertossa tiene 45 años y desde 2018 investiga el blanqueo de capitales de testaferros de grandes fortunas. Así encontró una cuenta suiza con 65 millones de euros a nombre de Corinna zu Sayn-Wittgenstein-Sayn vinculada a una fundación panameña cuyo fondo, de 100 millones de euros, procedía del Ministerio de Finanzas de Araba Saudí. Eso, unido a que detrás de aquel fondo están los nombres de dos testaferros que ya han relacionado antes con Juan Carlos I —Dante Canónica y Arturo Fasana—, hace sospechar a Bertossa que esa cantidad pueda tener algo que ver con las comisiones del AVE a la Meca, a las que Corinna se refirió en las grabaciones del comisario José Manuel Villarejo.

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Las publicistas más prestigiosas de España contra ‘Mad Men’

Son jefas en un sector que mueve más de 16.000 millones de euros al año y responsables de la imagen que transmiten los anuncios de hombres, mujeres y familias en una sociedad cambiante y diversa. Todas han visto la serie que explicó las miserias y los brillos de la publicidad, pero ninguna se parece a Peggy Olson, la creativa de **Mad Men en quien los anunciantes solo confiaban para hacer spots de cosméticos o productos femeninos.

Son mayoría en el sector, pero no en los puestos directivos: el 58% de las personas que acaba la carrera de Publicidad son mujeres, pero solo un 14% logra el puesto más alto. “Parece que solo las mujeres tengamos hijos”, dice Kika Samblás, consejera delegada de Scopen, consultora de la industria de la comunicación y el marketing, apuntando a una de las razones que hace más grueso el techo de cristal para las publicistas. “Hay una tendencia al alza en cuanto a mujeres directivas, pero no cristaliza”.

Quizá por eso cada vez más profesionales optan por abrir sus propias agencias. “Las marcas ya no buscan una empresa, sino el talento, y este puede estar en una pequeña oficina que se gestiona con horarios más flexibles”. Vanity Fair ha entrevistado a algunas de las que han alcanzado el máximo escalafón de poder, mujeres entre los 35 y los 55 años que hablan de una profesión exigente, casi obsesiva. Y es lo único que comparten con la visión que da Mad Men, ficción que retrata el sector en los años 50 y 60 en Estados Unidos. Ninguna se ve reflejada en esa serie, aunque hay algo que aparece en esos capítulos y ninguna da por muerto: el machismo.

 

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Por qué una rueda de prensa sin preguntas también es tu problema

“Si tuviera que decidir si debemos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría en preferir lo segundo”. No lo dijo un periodista sino un político. Fue Thomas Jefferson, no Pedro Sánchez ni Pablo Iglesias, que en el pasado reciente fueron críticos –con razón– con la pantalla de plasma que usó Mariano Rajoy para evitar preguntas de la prensa en algunas de sus comparecencias. Hoy, ya presidente y vicepresidente del Gobierno, son ellos quienes organizan actos donde los periodistas solo pueden limitarse a grabar lo que quieran decir. A veces ni siquiera eso: una prueba es el encuentro de este fin e semana en Quinto de Mora, resuelto con una fotografía entregada a los medios.

No son los únicos: para dar una noticia de trascendencia como el anuncio de unas nuevas elecciones en Cataluña, el president Quim Torra se presentó ante los medios sin admitir preguntas, fórmula a la que también parece abonado. Si usted cree que este asunto es algo que solo afecta a quienes se dedican a informar, siga leyendo. “Podría disparar a alguien en la Quinta Avenida y no perdería ni un voto”. Lo dijo Donald Trump y aunque hoy cueste creerlo –el descrédito de la profesión es evidente– la diferencia entre que una machada así fuera o no fuera posible puede ser el periodismo.

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Uta Hagen, la maestra que puso a Judy Garland a un paso de su segundo Oscar

Un Mercedes Benz descapotable la llevó al puerto a coger un barco rumbo a Estados Unidos: “Al pasar por los pueblos, yo saludaba desde el coche a los paseantes, emulando a una princesa, actuando como si lo hubiera hecho toda mi vida”. Uta Hagen tenía solo seis años, pero ya mostraba dotes extraordinarias para imaginar situaciones e imitar estados de ánimo: “Lloré ese día, pero solamente porque los adultos lloraban”, recordó en Un reto para el actor (Alba Editorial, 2013).

Aquel viaje la alejó de Alemania, no de su idioma, que le sirvió para formar parte del equipo de una de las grandes películas del siglo XX: Vencedores o vencidos, de Stanley Kramer, en cuyo elenco estaba Judy Garland, de actualidad por el biopic protagonizado por Renée Zellweger que acaba de estrenarse en España. Garland hacía el papel de Irene Hoffmann-Wallner, la joven acusada de tener relaciones sexuales con un hombre mayor y judío. La interpretación le valió su segunda nominación al Oscar, aunque no lo ganó: ese año el premio se lo llevó Rita Moreno.

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Marisol, ni Salinger ni Bansky

Octubre de 2019. En la mesa de un restaurante malagueño se repite una pregunta: “¿Irá Marisol a recoger el Goya de Honor?”, preguntan los invitados al Congreso de Periodismo de la Fundación Manuel Alcántara. “Pepa no irá”, replican los periodistas del lugar casi al unísono descartando llamarla por su nombre artístico.

Que Marisol sólo existe ya en el imaginario colectivo quedó claro en esa comida, también en la desaparición de aquella niña-chica-mujer prodigio que no vive escondida, pues aunque evita los focos, no evita la luz, que recibe directa en el lugar que eligió hace años: el Paseo de la Farola del barrio de La Malagueta, una lengua de tierra que se cuela en el Mediterráneo.

Allí saca a su perro, pasea con su pareja de más de dos décadas, Máximo Stecchini, y se la puede ver con su hermana Vicky, casi la única, además de sus hijas, con quien comparte su rutina diaria en un enclave desde donde se ve el muelle de los ferris que van a Melilla, el bloque de La Equitativa, edificio que albergaba en tiempo una compañía de seguros, o la catedral de Málaga. No es un rincón oscuro, al contrario: es de los más luminosos del Mediterráneo y por él camina ella casi a diario, siempre con gafas de sol y apenas molestada por sus vecinos.

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Vicepresidente Iglesias y ministra Montero: ¿cómo encaja una pareja en un gobierno?

En España no ha habido un hombre que haya puesto a su mujer, solo por ser su esposa, en un cargo de importancia en su gobierno. Sin embargo, también aquí hay dinastías políticas. En unas no hay mujeres, como es el caso de los Suárez Illana o los Cabanillas. En otras, ser parte de una saga ha facilitado que una mujer, con menos opciones en otros tiempos, diera el salto a la arena política. Fue el caso de Concepción Loring, Marquesa de la Rambla, quien por su posición y su padre, también político, Jorge Loring y Oyarzábal, diputado liberal, senador vitalicio y consejero de Canovas del Castillo, fue la primera fémina en pronunciar un discurso en las Cortes.

Lo que no se ha dado en la política española es el equivalente a una regencia: que una mujer entre en un puesto importante en lugar de su marido, algo que sí hizo Janet Jagan cuando tomó el relevo al presidente de Guyana Cheddi Jagan, tras su muerte en 1997. No solo lo hacen ellas: en Pakistán, tras el asesinato de Benazhir Bhutto fue su esposo, Asif Ali Zardari, quien sucedió a la presidenta.

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El acento del poder: María Jesús Montero, la superministra orgullosa de su origen y su habla andaluza

Hay a quien solo le gusta un “quilla” si lo dice Rosalía. Pero la nueva portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, ni es de esas personas ni es ajena a dos hechos evidentes: que su acento ha servido para hacer chistes y parodias que han ayudado a conformar, casi siempre en negativo, la imagen de los andaluces y que en política, donde todo sirve, su habla se ha empleado como arma arrojadiza.

La ministra de Hacienda ha tenido que enseñar colmillo para defender su origen más de una vez. Por ejemplo, ante Rafael Hernando, que se burló de ella en medio de un debate sobre presupuestos llamándola “miarma”, término que junto a otros como “chiqui” o “cariño” ella emplea con frecuencia. “Son expresiones que a gala llevamos los andaluces en nuestro diálogo coloquial”, replicó ella al popular.

Esa reacción también la ha tenido en varias ocasiones la que fue su jefa antes quePedro Sánchez: Susana Díaz. La expresidenta de la Junta de Andalucía hace gala de su hablar y por eso, se revolvió cuando durante la Comisión de Investigación del caso de los ERE en el Senado, el popular Luis Aznar le dijo que tenía hablando mucho gracejo. “Yo soy bastante sosa”, replicó Díaz, que lamentó que en una institución como el Senado se hicieran alusiones personales de ese tipo.

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José Félix Tezanos, un novelista al frente del CIS más polémico

Después de ser autor o coautor de 60 libros de Ciencia Política o Sociología, en 2011 José Félix Tezanos escribió una novela: La rama quebrada. El protagonista era Adam, un ser de otra civilización que llegaba a la nuestra y no entendía nada de lo que aquí ocurría. En sus presentaciones, el hoy presidente del Centro de investigaciones Sociológicas (CIS), lo describía como un libro peculiar, que no sabía qué género atribuirle o con qué compararlo, a pesar de que 20 años antes Eduardo Mendoza había deslumbrado al mundo con Gurb, un extraterrestre caído en Barcelona, desde donde narraba a los suyos con ingenuidad y mucha mala leche lo que observaba. Adam es menos punzante, pero también hace informes. En ellos, retrata las injusticias y las desigualdades que ve en nuestro mundo, todas desde una óptica parecida a la de su creador, miembro del PSOE y autor de los informes más polémicos de los últimos tiempos: el Barómetro del CIS.

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