Adoquín, perro, caballos o reguetón: por qué los políticos españoles ya no temen al ridículo

La chanza de Pablo Casado a Pedro Sánchez diciéndole que hasta su partido lo echó para que no se presentara a otras elecciones o el tono despectivo con el que Santiago Abascal hizo su “propuesta patriótica” frente al resto de “partidos progres” son dos ejemplos de que la burla es una herramienta básica para achicar al adversario a base de ridiculizarlo. Durante el debate de este lunes que tuvieron los cinco candidatos que se disputan la presidencia el próximo 10 de noviembre se vieron más ejemplos de un arma dialéctica que ya describió Aristóteles. Lo que el pensador griego no recogió en sus escritos, quizás porque entonces no hacía falta, es cuál es la utilidad de que un político se ponga en ridículo a sí mismo. Es lo que hizo Albert Rivera con el adoquín que blandió desde su atril para hablar de un tema tan serio como los altercados de Barcelona.

El artículo completo en Vanity Fair. 

Testosterona y golpes bajos

Rambo es ‘testosterónico‘. Y Sylvester Stallone, el actor que lo interpreta. También la sociedad que critica ‘Lo inevitable’, obra de la compañía Dunacatà. Y James Bond, Schwarzenegger o Hollywood entero. La palabra se ha empezado a usar aquí este 2019 y aún no está en el diccionario, pero en Estados Unidos se emplea desde hace dos décadas. Por ejemplo, en artículos que analizan la imagen de grupos como Led Zeppelin: mano al paquete, letras sexistas o las fans como medida de su capital erótico.

El artículo completo en El Periódico de Cataluña

Prisa y propaganda: así son los libros sobre el juicio al ‘procés’ que se escribieron casi en directo

En La puerta de la infamia, Antonio Muñoz Molina recopiló las crónicas que publicó en El País sobre el juicio por el secuestro de Segundo Marey, un comercial a quien los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) confundieron con Mikel Lujua, miembro de ETA. Fue uno de los procesos más importantes que ha tenido lugar en España: destapó los GAL, que llevaron a prisión a José Barrionuevo y a Rafael Vera, ministro del Interior y secretario de Estado de Seguridad, y sentó en el banquillo como testigo a Felipe González, entonces presidente del Gobierno.

La sentencia del procés llegó con dos libros bajo el brazo. Uno es El encargo, de Javier Melero, abogado de dos de los encausados, Joaquim Forn y Meritxell Borràs. El otro título lo firma uno de los condenados: Raül Romeva. En su caso, se trata de un cuaderno de dibujos realizados durante las sesiones del proceso. Lleva por título Des del banc del acusats y se ofrece como el relato de “52 jornadas de injusticia caricaturizadas durante el juicio”. También el libro de Muñoz Molina contenía ilustraciones. En su caso, de la dibujante y diseñadora de moda Tíscar Espadas, pero hay algo que diferencia aquel ejemplar de estos dos últimos: La puerta de la infamia salió en 2015 y hablaba de un caso de 1998 en el que se enjuiciaron hechos de 1983. Los títulos anteriores se anunciaron casi a la vez que el fallo judicial.

El artículo completo en Vanity Fair.

Jacobo VI, rey de Escocia y cazador de brujas

Parece un cuento de Halloween, pero fue una matanza real. “Hablamos de brujas y magos, pero eran personas a las que estrangulaban y quemaban en la hoguera acusadas de brujería”, explica a Vanity Fair Julian Goodare, profesor de Historia en la Universidad de Edimburgo. Es uno de lo miembros del equipo multidisplinar –historiadores, informáticos, diseñadores– que ha creado el mapa interactivo donde se pueden consultar el nombre, los apellidos y la ubicación de 3.141 personas perseguidas y enjuiciadas entre los siglos XVI y XVIII. Parte de ese trabajo también es la Base de Datos de la Brujería Escocesa, un archivo abierto, online y gratuito creado por la estudiante Emma Carroll que ofrece detalles sobre los procesos judiciales, las causas de la detención o la identidad de los verdugos.

El reportaje completo en Vanity Fair. 

Susana Díaz: “Nuestras primarias fueron terribles, pero el PSOE es el único partido capaz de abrirse en canal por España”

Soy muy sobria”, dice Susana Díaz Pacheco mientras decide si colgarse o no del cuello un ámbar enorme que le regaló Felipe González cuando accedió a la presidencia de la Junta de Andalucía en 2013. En la otra mano sostiene un anillo del mismo mineral y del mismo expresidente, en quien los periodistas que la han tratado aseguran que ella se mira. “Me lo regaló cuando nació mi hijo José María”, dice posando para Vanity Fair días después de anunciar que está embarazada de una niña que vendrá al mundo en febrero.

La entrevista completa en Vanity Fair.