Jackie Kennedy y la felicitación de Navidad que nunca pudo enviar

Faltaba una semana para Acción de Gracias cuando la primera dama y el presidente se sentaron a firmar tarjetas. Treinta sobre la mesa, suficientes para adelantar trabajo antes de partir a un viaje de tres días que formaba parte de la precampaña organizada para la reelección de John. Al volver, la pareja tendría que sentarse de nuevo a desear felices fiestas en esas estampitas que envía la Casa Blanca por Navidad a diplomáticos, socios, funcionarios e incluso rivales políticos. Pero de aquel viaje a Texas solamente volvió Jackie.

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Ni Marlene Dietrich lo logró: así destrozaron el baile flamenco las actrices en el cine

Cuando Stewart Granger sustituyó a Errol Flynn en Scaramouche, la productora contrató para entrenarlo al campeón europeo de esgrima, el belga Jean Heremans. Según The Encyclopedia of the Sword, rodar la secuencia más larga con espada de la historia del cine –seis minutos y medio, un sinfín de movimientos y 27 acrobacias–, fue lo más difícil de aquel rodaje. Más ligera debió ser la formación de Ann Margret en En busca del amor para enfrentarse al reto de bailar con el enorme Antonio Gades. No es que la actriz hiciera el ridículo en la cinta de Jean Negulesco, pero más que danzar hace ver que danza y el flamenco tarda un minuto en convertirse en una canción muy de la época, 1964, y el taconeo, en un leve contoneo de caderas y un sugerente aleteo de pestañas.

El artículo completo en Vanity Fair.

Mary-Kay Wilmers, 40 años influyendo en el pensamiento de Europa con un fondo millonario y sin miedo a la polémica

Sus padres se conocieron en 1935 a bordo del lujoso Aquitania, el barco que unía Le Havre con Nueva York. Charles Wilmers vio a Cecilia Eitingon jugando al ping-pong y le pidió una partida. Él era inglés; ella, ruso-americana y divorciada. Jugaron, rieron, se gustaron, pero no le pidió el teléfono porque estaba seguro de que se encontrarían de nuevo. Semanas después bailaban en la terraza del hotel Waldorf Astoria y no se separaron nunca más. Mary-Kay Wilmers (Chicago, 1938) es el resultado de esa mezcla: culturalmente europea, americana en los negocios y “víctima” del matrimonio feliz de sus padres. “No es que no me alegrara su felicidad, es que me exasperaba eso que Phillip Roth llama ‘la tiranía del nosotros’, contó en The Eitingons (2009) —libro autobiográfico sobre su familia materna— en referencia a esas parejas que conjugan los verbos en plural y se alían para todo, también para educar a los hijos.

En esas páginas también desvelaba que su padre fue dueño de una multinacional que ofrecía servicios públicos y que la familia de su madre, judíos rusos emigrados a EE.UU, se hizo millonaria gestionando en América la mayor empresa de pieles del mundo. En esa historia, los nombres de su parentela se mezclan con otros como los del dictador Francisco Franco —con quien su padre hizo negocios—; Josef Stalin —para quien trabajó Leonid Eitingonorganizando el asesinato de León Trotsky— o Sigmund Freud, a quien otro pariente, Max Eitingon, financió muchas de sus investigaciones sobre el psicoanálisis.

La entrevista completa en Vanity Fair. 

Marcel Proust y Rosalía: cien años no es nada

Horas antes de que Rosalía posara con sus tres Grammy Latinos, llegaba a las librerías ‘Proust, Premio Goncourt: un motín literario’, y la lectura de sus páginas tendió un puente inesperado entre la catalana, el francés y el siglo que media entre sus estrellatos. En ese libro, Thierry Laget analiza los ataques que recibió Marcel Proust tras ganar en 1919 el máximo galardón de las letras galas con ‘A la sombra de las muchachas en flor’.

“Es como una tortilla sin huevos”. Así definió una revista un libro que la mayoría de medios consideró indigno del galardón porque no abordaba la primera guerra mundial, el tema del momento, o porque a sus 48 años Proust les parecía demasiado mayor para recibir ese reconocimiento. Hoy, nadie pone en duda los premios a Rosalía, tampoco –o muy poco– el valor de los mismos, a pesar de que el Grammy nunca ha cotizado en términos artísticos. Sin embargo, el paralelismo entre ambos creadores se ve hasta en la base de sus propuestas: a ella le cuestionan si lo que hace es flamenco, a él que lo suyo fueran novelas y por eso los libreros, influenciados por la crítica, ponían sus ejemplares en el estante de cuentos.

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El día que Stevie Wonder le cantó ‘Happy Birthday’ a Martin Luther King

Stevie Wonder tenía 18 años cuando mataron a Martin Luther Kingen Memphis. El cantante era un chaval, pero ya tenía a sus espaldas 11 discos y con ese currículum bajo el brazo se plantó en Atlanta para unirse a estrellas como Diana Ross o Aretha Franklin y decirle adiós al líder que los había inspirado. Según informa The New York Times de ese día, el ataúd de bronce con el cadáver del líder afromericano iba sobre un carro del que tiraban dos mulas. Acompañándolo en absoluto silencio, 19.000 personas según la policía y 42.000 según la organización (en cualquier acto político las cifras bailan aunque no haya música).

En esa procesión empezaron las gestiones para instaurar un día en el calendario que recordara al adalid de los derechos civiles, trámites que se alargaron durante 15 años y de los que Wonder se hizo cargo. Lo logró en 1983, después de grabar una canción titulada “Happy Birthday”, que convirtió en himno de esa causa y declaración de intenciones: proponía que el 15 de enero, cumpleaños de King fuera el escogido para recordarlo a él y su lucha.

El artículo completo en Vanity Fair.