Manuel Alejandro: “Siempre escribí por encargo y este coronel ya no recibe cartas”

“El azar manda”, dice Manuel Alejandro por escrito, coqueto y juguetón, pero sin dejar ni una palabra al albur. El jerezano habla de casualidad para explicar por qué se dedicó a componer canciones: una fractura en el codo derecho lo retiró del piano y lo lanzó a lo que él denomina, poniéndole comillas, canción ligera. Fruto de esa lesión es parte de la memoria sentimental de España y Latinoamérica y lo que le puso palabras al vozarrón de Nino Bravo, a las tribulaciones de Luis Miguel o a la metamorfosis de niña prodigio a adulta de Marisol.

A todos esos cantantes y a otros muchos los moldeó Manuel con sus palabras: “Siempre escribo las canciones pensando en el perfil del artista y, sobre todo, en cómo creo que el público lo ve. En realidad, escribo ahondando en el personaje como si fuera el protagonista de una novela y me adentro en situaciones que pueden suceder o han sucedido”. Por eso dice Raphael que más que su compositor, Manuel Alejandro es su biógrafo.

La entrevista completa en Vanity Fair.

Elena Francis, policía de la moral y cómplice del maltrato

Mujeres oficinistas de la Industrial Sedera un domingo de paseo (1950-1953). Foto: ACBL
Mujeres oficinistas de la Industrial Sedera de paseo (1950-1953). Foto: ACBL

“La felicidad no existe”, decía la Elena Francis que contestaba por carta, mucho más cruda y severa que la que daba sus consejos por la radio. Las dudas que planteaban las oyentes en las misivas que no se radiaban no iban sobre cómo darle color a las mejillas, eliminar el vello o adelgazar y eran difíciles de edulcorar, pues hablaban de infidelidades, aborto, violencia sexual o incestos. Lo explican Rosario Fontova y Armand Balsebre, autores de Las cartas de Elena Francis: una educación sentimental bajo el franquismo (Cátedra, 2018), donde queda claro que cuando la cosa se ponía seria, Francis oscurecía el tono y a veces, no pocas, daba la callada por respuesta.

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Hilda Matheson, la espía que rompió moldes en la BBC

“El suyo era un cerebro demasiado bueno para dedicarlo solamente a mi trabajo”, escribe Lady Astor, primera mujer en ocupar un escaño en el parlamento británico, sobre su asistente personal. La aludida es Hilda Matheson, nombre que aparece en una de las novedades editoriales de este otoño: Algunos libros. Las charlas de E.M. Forster en la BBC (Alpha Decay, 2018), joya pulida para quienes gozan de una recomendación bien hecha aunque disientan con ella.

Hilda tenía 30 años cuando entró a trabajar con Lady Astor, buena cabeza y un curriculum apasionante: había pasado la Primera Guerra Mundial en Roma a las órdenes del MI5, el servicio de inteligencia de su país; hablaba italiano, francés y alemán, era culta, tenía personalidad y no temía nada ni a nadie. Con esas credenciales, su jefa se dio cuenta pronto de que su secretaria necesitaba algo más que gestionar su correo, organizarle reuniones o asesorarla sobre determinados temas y por eso la anima a que acepte otros encargos. Así llegó la joven de padres escoceses criada en Londres y formada en Historia en Oxford a la BBC.

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Picasso por bulerías

No hay constancia de que Pablo Ruiz Picasso entrara nunca en ninguno de los catorce cafés cantante que había a finales del siglo XIX cerca de la casa donde creció, en la de plaza de la Merced de Málaga. El que sí los frecuentaba era su padre, José Ruiz Blasco, a quien la fundación que gestiona las cosas de su célebre hijo define como un tipo “ingenioso y bromista pertinaz” y un “dandy aficionado a los toros y al cante flamenco”, música que dejó huella en la vida y en la obra de Picasso.

“Pero es curioso porque se le ha analizado desde todos los puntos de vista: Picasso y la televisión; Picasso y los toros; Picasso y Fellini…. Pero apenas se ha prestado atención a su relación con lo jondo”, explica Francis Mármol, periodista y autor de los textos que han dado origen a Y Picasso recordaba elflamenco, una exposición con 18 ilustraciones de Emmanuel Lafont que puede verse hasta el 21 de diciembre en la Alianza Francesa de Málaga.

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Franco, el primer periodista de España

Hoyo Negro llevaba doce días arrojando lava y había dejado más de 1.500 evacuados en La Palma. El mismo día murió Ramón Montoya, el guitarrista gitano que junto a Sabicas abrió el camino para que existiera luego Paco de Lucía. Pero en la portada de ABC del 21 de julio de 1949 la foto, única, era para un grupo de directores de periódicos y presidentes de asociaciones profesionales visitando El Pardo para darle a Francisco Franco el carné número 1 de la Asociación de Prensa. Así se convirtió el dictador en el “Primer Periodista de España”.

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