‘La historia interminable’: un autor angustiado, una ilustradora inspirada y un traductor en apuros

La historia interminable nació en Casa Unicornio, la morada italiana a la que se mudó Michael Ende cuando se dio cuenta de que en Alemania rechazaban la literatura fantástica por considerarla un género meramente escapista. Allí fue vecino de estrellas como Anthony Quinn o Anita Eckberg en un pueblo, Genzano, que había puesto en el mapa literario otro cuentista: Hans Christian Andersen, que ubicó en él parte de su primera novela, El improvisador. En esa localidad próxima a Roma vivió Ende hasta que murió su esposa, la actriz Ingeborg Hoffmann, y se acabó de convertir en una celebridad de las letras. “Cuando me encargó el trabajo de ilustrar La historia interminable ya era muy famoso”, explica a Vanity Fair Roswitha Quadflieg, la artista que convirtió la novela en un objeto único del que se han vendido, y aún se venden, millones de copias en todo el mundo.

El reportaje completo en Vanity Fair.

Chim, un reportero entre Ingrid Bergman y La Pasionaria

Fuma y medio sonríe y ambas cosas las hace sólo con los labios porque a David Seymour la alegría no le llega hasta los ojos. Con un retrato de la talla de un gigante y ese gesto, ‘Chim‘ da la bienvenida al visitante del Museo Judío de Ámsterdam, donde hasta el 10 de marzo se ofrece una retrospectiva de su obra fotográfica. Es la primera en Europa porque hasta en el eco ha sido más discreto que sus socios en la Agencia Magnum: Robert Capa y Henrie Cartier-Bresson, más nombrados, citados y recordados que el fotoperiodista polaco.

La exposición contiene 150 fotografías y un centenar de revistas y documentos personales elegidos y contextualizados por el Centro Fotográfico de Nueva York. En la sala conviven tomas de la miseria y el dolor de los niños de la segunda postguerra mundial con instantáneas de una esplendorosa Sofía Loren en bañador y medias de rejilla posando en su casa de Nápoles. Parece algo incoherente, pero tras ver la muestra queda algo claro: que en el trabajo de Chim se aprecian muchos contrastes, pero apenas hay contradicción.

El reportaje completo en Vanity Fair.

El fenómeno Marisol: de ídolo a traidora

Desde principios del siglo XX hasta hoy, 6.646 familias españolas han elegido “Marisol” como nombre para sus hijas. El 60% se bautizaron en las décadas de 1960 y 1970, años en los que Pepa Flores se transformó en Marisol y desarrolló su carrera. El dato lo proporciona el Instituto Nacional de Estadística y da idea del fenómeno en el que se convirtió la niña con dotes para cantar, bailar y actuar que apareció en las pantallas durante el franquismo.

Su primera película fue Un rayo de luz, estrenada cuando ella tenía 12 años y en una España que acababa de estrenar etapa: el desarrollismo. A esos años le puso la malagueña cara, voz y movimiento cuando el subgénero denominado “cine de niño” dejaba atrás a los críos como Pablito Calvo (Marcelino pan y vino) y Joselito (El pequeño ruiseñor) para fijarse en las niñas.

El artículo completo en Vanity Fair.

Manuel Alejandro: “Siempre escribí por encargo y este coronel ya no recibe cartas”

“El azar manda”, dice Manuel Alejandro por escrito, coqueto y juguetón, pero sin dejar ni una palabra al albur. El jerezano habla de casualidad para explicar por qué se dedicó a componer canciones: una fractura en el codo derecho lo retiró del piano y lo lanzó a lo que él denomina, poniéndole comillas, canción ligera. Fruto de esa lesión es parte de la memoria sentimental de España y Latinoamérica y lo que le puso palabras al vozarrón de Nino Bravo, a las tribulaciones de Luis Miguel o a la metamorfosis de niña prodigio a adulta de Marisol.

A todos esos cantantes y a otros muchos los moldeó Manuel con sus palabras: “Siempre escribo las canciones pensando en el perfil del artista y, sobre todo, en cómo creo que el público lo ve. En realidad, escribo ahondando en el personaje como si fuera el protagonista de una novela y me adentro en situaciones que pueden suceder o han sucedido”. Por eso dice Raphael que más que su compositor, Manuel Alejandro es su biógrafo.

La entrevista completa en Vanity Fair.

Elena Francis, policía de la moral y cómplice del maltrato

Mujeres oficinistas de la Industrial Sedera un domingo de paseo (1950-1953). Foto: ACBL
Mujeres oficinistas de la Industrial Sedera de paseo (1950-1953). Foto: ACBL

“La felicidad no existe”, decía la Elena Francis que contestaba por carta, mucho más cruda y severa que la que daba sus consejos por la radio. Las dudas que planteaban las oyentes en las misivas que no se radiaban no iban sobre cómo darle color a las mejillas, eliminar el vello o adelgazar y eran difíciles de edulcorar, pues hablaban de infidelidades, aborto, violencia sexual o incestos. Lo explican Rosario Fontova y Armand Balsebre, autores de Las cartas de Elena Francis: una educación sentimental bajo el franquismo (Cátedra, 2018), donde queda claro que cuando la cosa se ponía seria, Francis oscurecía el tono y a veces, no pocas, daba la callada por respuesta.

El artículo completo en Vanity Fair.