No diga diversidad, diga ‘ververipen’

“La diversidad es riqueza”. Lo habrá leído en muchos sitios: periódicos, libros, manifiestos, también en alguna pancarta, pero en el fondo, no quiere decir nada. La diversidad es y ya, lo que enriquece es convivir, preguntar y discutir, –no vale polemizar sin más– con alguien con quien se tienen pocas cosas en común o una idea muy distinta de cómo gestionar la existencia. Si no es así, la diversidad es como una flor de tela en el ojal, que luce mucho y no huele a nada. Así la usan algunas empresas en sus planes de responsabilidad social corporativa: colgándola como una medalla o como un disfraz que calma la conciencia y brilla en el escaparate, en alguna camiseta y en las redes sociales.

No es distinto lo que hacen las cadenas de televisión que en sus informativos hablan de diversidad funcional, sexual, afectiva o racial para después, y en ‘prime time’, emitir ‘Los Gipsy Kings’, un ‘reality’ que es, en realidad, una ficción construida sobre una imagen de los calés tan de retal como la que de los indios nos dieron muchas películas del Oeste. 

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Marcel Proust y Rosalía: cien años no es nada

Horas antes de que Rosalía posara con sus tres Grammy Latinos, llegaba a las librerías ‘Proust, Premio Goncourt: un motín literario’, y la lectura de sus páginas tendió un puente inesperado entre la catalana, el francés y el siglo que media entre sus estrellatos. En ese libro, Thierry Laget analiza los ataques que recibió Marcel Proust tras ganar en 1919 el máximo galardón de las letras galas con ‘A la sombra de las muchachas en flor’.

“Es como una tortilla sin huevos”. Así definió una revista un libro que la mayoría de medios consideró indigno del galardón porque no abordaba la primera guerra mundial, el tema del momento, o porque a sus 48 años Proust les parecía demasiado mayor para recibir ese reconocimiento. Hoy, nadie pone en duda los premios a Rosalía, tampoco –o muy poco– el valor de los mismos, a pesar de que el Grammy nunca ha cotizado en términos artísticos. Sin embargo, el paralelismo entre ambos creadores se ve hasta en la base de sus propuestas: a ella le cuestionan si lo que hace es flamenco, a él que lo suyo fueran novelas y por eso los libreros, influenciados por la crítica, ponían sus ejemplares en el estante de cuentos.

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Testosterona y golpes bajos

Rambo es ‘testosterónico‘. Y Sylvester Stallone, el actor que lo interpreta. También la sociedad que critica ‘Lo inevitable’, obra de la compañía Dunacatà. Y James Bond, Schwarzenegger o Hollywood entero. La palabra se ha empezado a usar aquí este 2019 y aún no está en el diccionario, pero en Estados Unidos se emplea desde hace dos décadas. Por ejemplo, en artículos que analizan la imagen de grupos como Led Zeppelin: mano al paquete, letras sexistas o las fans como medida de su capital erótico.

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