Flamenco lunático en Barcelona

aida_vargas_4-1En la pasada Bienal de Flamenco de Países Bajos, Juan Carlos Lérida se alió con el artista sonoro Enrique Tomás para llevar a cabo un workshop en el que sus alumnas debían deconstruir una soleá. ¿Que cómo se hace eso? Pues rompiéndola en pedazos, haciendo añicos su ritmo, jugando con el propio nombre del palo, repitiendo su compás hasta hacerlo irreconocible y volviéndola a componer, eso sí, como cada una quiso. Ese es un ejemplo de las clases que imparte por medio mundo un bailaor que llega al Ciutat Flamenco de Barcelona desde Miami a poner sobre la escena “Al cante”, segunda pieza de una trilogía a través de la cual se acerca a las tres formas principales de expresión que tiene el flamenco: el toque, el cante y el baile. Dicho así parece fácil, pero cualquier historia se pone honda en manos de este hombre que baila desde hace 40 años y que ha hecho de su cuerpo su laboratorio. A lo que hace lo llama “acercamientos”. “Así lo diferencio del work in progress, que es algo que no esta terminado. Mis acercamientos, aunque sean acumulativos, tienen principio y final.”  Foto: Aida Vargas.

Sigue en El Estado Mental.

Que todo el año suene a calvario

img_9270

Hacer de la saeta algo ameno, para cualquier ocasión y musicalmente variado fue el objetivo de Antonio Pastora cuando compuso el último disco que canta La Trini, una cantante de Córdoba con facilidad para llevar la raíz del flamenco hacia el jazz y viceversa. La empresa parece imposible al tratarse de un palo centrado en un solo y delicado tema: el calvario de Jesucristo en sus últimos días como hombre. Pero ni Antonio ni Trinidad se arredraron y crearon Saeta, once temas con referencias a Debussy o Satie y aires de Peter Gabriel pensados para acompañar en el coche, en casa, en el trabajo o ante la imagen de un santo.  Y no necesariamente en Semana Santa.

Hay muy pocos discos de saetas y aunque su proyecto es el más ambicioso y novedoso musicalmente hablando, no son los primeros que intentan sacar de sus límites a un género que se hizo plenamente flamenco a principios del siglo XX. Otros, la mayoría anónimos, lo intentaron con la letra:

Atormentao y sin culpa

te llevan en una cruz.

Lo mismito trata el amo

al campesino andaluz.

Letras que comparan las fatigas del dios con las del humano, versos con otra intención que reflejan “la recia humanidad de una saeta”, como escribió Manuel Chaves Nogales.

Artículo completo en El Estado Mental.

Barcelona, la ciudad devorada

guiris_go_home_1

Una cola apretujada para entrar y un intenso olor a gamba chamuscada. Podría ser una escena habitual en la puerta de cualquiera de las “atracciones” que ofrece Barcelona a sus casi ocho millones de visitantes anuales. Pero es la entrada del Antic Teatre, donde se estrena Guiris go home, título de la obra en la que el director Marc Caellas observa la ciudad y su fiebre turística desde una escenografía en la que reina un señor que prepara una paella.

“¡Guiris go home!”, le espetan los actores a un grupo de extranjeros seleccionados y puestos entre el público a los que se les pregunta a qué han venido a la ciudad. “A ver a mis amigos”, dice una. “Quiero conocer el mundo”, contesta otro. “A buscar marido”, responde la última inquirida después de una diatriba en la que los intérpretes demuestran al respetable que cualquier movimiento es turismo. Si vas a un balneario, turismo termal. Si vas a beber vino, turismo enológico. Que vas a ligar, turismo sexual. Vayas donde vayas, querido visitante y también autóctono, las estadísticas, los poderes y la industria te catalogarán como turista.

Los vídeos, relatos, noticias y canciones que componen la obra resumen la situación de una ciudad que ya construye pistas con nieve artificial para que el turista tenga de todo, que cuenta con un tercer hotel cápsula y que lucha con denuedo para superar los ocho millones de turistas al año cuando en 1990 apenas recibía dos. La obra de Caellas no niega que el turismo sea una fuente de ingresos. Lo que se cuestiona es el modelo. El director es tajante: no ve beneficio en el hecho de que un turista compre ropa de lujo en una multinacional con sede en el Paseo de Gràcia. Menos aún si esa multinacional explota a sus trabajadores. Con lo que queda clara una cosa nada más empezar la obra: la culpa no es sólo del guiri.

Artículo completo en El Estado Mental.