El flamenco electrizado de Ariadna Castellanos

Romper con todo. Pero hacer algo con sentimiento. Mezclar el flamenco con la música electrónica. La vanguardia con la cueva. Todo eso se proponía Ariadna Castellanos cuando se acercó a Ed is Dead, productor y músico de electrónica con el que ha grabado [MJU:ZIK],disco que acaba de presentar en el Festival Flamenco On Fire de Pamplona. Quizás porque en el evento había potentes y severas personalidades de lo jondo, Castellanos explicó el show al inicio y después cada uno de los temas. Dijo que empezaría más flamenca y que iría poniéndose más electrónica. Y así fue, pero por el camino demostró que no hacían falta explicaciones. No, porque la severidad no admitirá jamás su atrevimiento y porque el experimento es bueno porque es música, se huele honesto y en casi todos los demás se intuye el flamenco. “Intuir” es un verbo insuficiente para quienes aman con fruición el pasado, pero sería un error no probar este disco por un amor aferrado e improductivo. Foto: Javier Fergo.

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Bambino y Barcelona, nostalgia sin bohemia

“Bambino vendía lo que cantaba. Lo expresaba con las manos, con la cara. Lo escuchabas y te imaginabas al hombre, a la mujer, la escena de amor o desamor, la pasión, el deseo, la tristeza…” Manuel de Angustias es sobrino de ese torbellino gitano que interpretaba las canciones vestido de frenesí.

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Del flamenco bohemio al de oficina

1_antonio_agujetas_rubichiLa programación oficial del festival se complementa con otra alternativa que además de duende busca fomentar el negocio de lo jondo.

En La Guarida del Ángel un joven le pasa el brazo a otro por encima. “Prepárate”, le dice y en cuanto se oye el primer “ay” de Antonio de los Santos “Agujetas”, los dos se abrazan, ríen, lloran y se golpean las piernas, las propias y las del compañero. Es difícil explicar por qué lo hacen. A alguien ajeno al ambiente podría parecerle burla, que los chicos van borrachos, puestos o vaya usted a saber. Pero no es eso. Esos dos hombres escuchan flamenco en directo, uno añejo y básico, y es lo que les hace reaccionar de esa manera. Otros botan de la silla cuando Messi marca un gol, estos cuando alguien remata un cante por siguiriyas como si escupiera sangre.

La escena ocurre en La Guarida del Ángel, bar jerezano en el que se ofrece OFF por quinto año consecutivo, un programa de actuaciones que surgió para animar las madrugadas del Festival de Jerez y que ha acabado teniendo entidad propia. Tres actuaciones al día del 19 de febrero al 6 de marzo que generan colas en las puerta del local. La gente por la calle también le hace muy buena publicidad pues si a las once de la noche le preguntas a cualquiera “¿dónde te veo?”, la respuesta suele conducir siempre al mismo sitio.

Otros espectadores de La Guarida son menos expresivos. Y no son los turistas, que vienen con todos los palos y sus variantes aprendidos de memoria. Sí, sobre todo japoneses. Pero también muchos alemanes y franceses. “Yo no era muy flamenco pero desde que vivo en Jerez me paso mucho por este bar. Los artistas son buenos y el precio es razonable.” Toni tiene 27 años y viene de Córdoba. No es un flamenco acérrimo, sólo “degusta”. Ese es un tipo de cliente que también ha atraído el OFF, que cobra entre 5 y 10 euros por una entrada, precio más asequible que el de un palco o una butaca en el teatro. Y además, ofrece copas. Y personajes en cada esquina.

“Lo que nos diferencia es el espacio, que atrae a gente muy joven y la acerca al flamenco de otra manera.” Mario González es el dueño del lugar y asegura que ha tenido que ir reforzando la programación año tras año porque “aquí el público es entendido y el nivel de los artistas siempre tiene que ser alto.” Su programa siempre incluye nombres muy atractivos: aquí actuó El Torta y canta cada año Capullo de Jerez, dos emblemas de lo que se ha dado a conocer como el flamenco bohemio, uno que tuvo su máximo exponente en Luis de la Pica. Los Agujetas, saga mítica de la ciudad, son siempre el plato fuerte. El año pasado estuvo el padre, Manuel, que atrajo a los seguidores hasta La Guarida como si fuera Semana Santa y no un evento pagano. Murió en Navidad y en 2016 son sus hijos Dolores y Antonio los que han tenido la responsabilidad de aumentar los fieles gracias a ese alarido balbuceante propio de su estirpe y que atrae por igual a gitanos y payos, algo que en Jerez es casi lo mismo porque a poco que uno se rasca, se encuentra sangre calé.

 

Más alternativas

El OFF de La Guarida del Ángel no es la única oferta paralela al Festival de Jerez, el oficial, que ha cumplido veinte años bajo la amenaza de la desaparición, pero que de nuevo ha conseguido montar un cartel que incluye entre dos y tres actuaciones al día repartidas entre la Sala Paúl, el Palacio Villavicencio, la Sala Compañía y el Teatro Villamarta. En Jerez, aprovechando el tirón del evento más importante del año, también se han puesto a programar para la ocasión las peñas y los tabancos. Estos últimos son establecimientos en los que antes se servía vino y hoy se sirve un poco de todo, también comida, aunque mantienen la estética que los caracterizó, una mezcla de taberna de western con motivos flamencos. Sólo un ejemplo de lo que ofrecen: este año el Tabanco El Pasaje ofrece una exposición de la fotógrafa catalana Marta Vila y cursos de palmas a cargo de Chicharito de Jerez y Carlos Grilo.

Las peñas, que funcionan todo el año gracias a sus socios, también hacen un aparte en esta época. Jerez cuenta con 16 entidades de este tipo y las hay legendarias, como la Peña Los Cernícalos, donde se celebró hace más de cuarenta años un pregón que da inicio a la Semana Santa jerezana, o la Peña Tío José de Paula. “De peña en peña” es el nombre del ciclo que ofrecen este año con motivo del festival, días en los que abren las puertas y no es raro ver los locales llenos de gente animando unas entidades que no niegan que lo del relevo generacional les está costando.

 

El flamenco de oficina

“Si eres flamenca de noche, tienes que serlo de día.” Esa frase se le dice a quien se va de juerga y luego no es capaz de levantarse para cumplir con sus obligaciones. Habrá quien piense que es la menos jonda de las sentencias pero cada vez, el negocio obliga, se formula más.

Mario González lo sabe y por eso, ahora que el OFF casi funciona solo, ha dado un paso para llevar el arte de Antonio Mairena, La Niña de los Peines y Camarón a la luz del sol y de las oficinas. El proyecto se llama La Lonja del Flamenco, siete días en los que se han reunido empresas relacionadas con los lunares. “Es un buen escaparate para conocer a otras firmas y para que nos conozca el público”, explica Josema García-Pelayo a El Estado Mental. El que fuera productor de Los Delincuentes, es jefe de La Bodega, un estudio de grabación y sello discográfico que igual le hace disco a un clásico como Tomás Rubichi que a La Pompa Jonda, un grupo de “electro-swing-balzámico-andalú.”

En esta primera edición ha habido stands de instrumentos, artesanía, productoras y sobre todo, moda flamenca. “Yo era bailaora y como sé qué necesita el artista, decidí montar esta empresa en la que me ayuda mi hermana.” La empresa es Bata de Cola – Inmaculada Ortega y sólo lleva en funcionamiento desde finales de 2015. Sus clientes están en España pero también en el extranjero, desde donde las bailaoras le mandan las medidas de su cuerpo por correo y ella les cose camisas, vestidos, lo que se tercie. “Estados Unidos, Japón y ahora, Brasil son puntos importantes de venta”, dice la recién estrenada empresaria mientras atiende a unas japonesas que no saben con qué falda de las que ofrece Inma quedarse. Al lado, una empresa que sólo se dedica a los zapatos y más allá, la fotógrafa Ana Palma y la pintora Nuria Rodríguez, ambas de Barcelona, comparten stand para dar a conocer sus productos en la Bodega Diez Mérito, espacio en el que se ha organizado la lonja.

Es difícil determinar qué cantidad de dinero mueve el flamenco en España. Tampoco en Andalucía. No sólo porque toca a sectores muy diversos, desde empresas de confección a editoriales, pasando por productoras, empresas de representación, bodegas, revistas, operadores turísticos, compañías de baile o la docencia sino porque el parné en el mundo jondo es un asunto tan oscuro como una pena lorquiana. El único libro blanco que se hizo para averiguarlo data de 2011, los datos son de 2009 y encima, los encuestados, la mayoría grandes festivales, no respondieron a muchas de las preguntas que se les formularon.

Esta primera feria ha tenido una afluencia de público modesta pero los organizadores toman nota para la próxima edición. “Cualquier que venga a Jerez durante el festival se puede hacer una master class con todo lo que ofrece la ciudad estos días”, explica Mario González y no le falta razón. No quiere hablar de las relaciones entre el festival oficial y el OFF que él gestiona pero todo el mudo en Jerez sabe que no existen. Aún yendo por separado, entre todos han conseguido convertir un festival que dura 16 días en un macroevento que alcanza a toda la ciudad, a todos los sectores y que consigue atrae a un público cada vez más diverso. A saber que no lograrían si un día decidieran sumar sus fuerzas.

Este reportaje se publicó en El Estado Mental.

Poco ruido y mucho duende

Te guste o no el flamenco, por la cantidad de anuncios en televisiones, diarios y redes ya sabrás que Niña Pastori tiene nuevo disco en el mercado. Aunque no te suenen los nombres de los artistas más relevantes del mundo jondo, seguro que has oído hablar de un CD que recoge las primeras grabaciones del gran Enrique Morente. Si por casualidad creíste que este año los Grammy Latinos iban a dar la sorpresa dando a conocer nuevos nombres, debes saber que con el flamenco han hecho lo de siempre: premiar a Universal. Y ya van 12 de 15 ediciones.

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Todos mintieron

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Una falacia es una mentira. Una que busca perjudicar al adversario, que permite no contestar directamente a una pregunta y que busca un impacto en el oyente. Ejemplo: si cogemos el titular de este artículo y de él extraemos que todos los políticos mienten, estamos construyendo una falacia. Mintieron esos cuatro y es posible que mientan muchos más, pero decir que todos mienten es un recurso fácil y además, seguramente sea mentira.

La falacia es un razonamiento incorrecto pero que parece correcto, un razonamiento que resulta convincente pero es erróneo. Toda falacia vulnera alguna regla lógica y para ello, puede apelar a la emoción, a la invectiva, al insulto y a veces hasta puede vestirse de voz autorizada. Ni Pedro Sánchez, ni Albert Rivera, ni Pablo Iglesias, ni Soraya Sáenz de Santamaría se abstuvieron anoche de emplear alguno de sus tipos. Pero no todos recurrieron a los mismos ni con la misma intensidad.

Los falacias que se han buscado en el debate de los cuatro candidatos son las que atacan al adversario o al partido sin más datos que el ataque, (ad hominem); la que consiste en usar de la autoridad, de ampararse en la mayoría o a la costumbre y no a la información fiable para defender una postura (ad verecundiam); la falacia de la falsa causa, que consiste en establecer una relación causal entre dos fenómenos sin mucha base o siendo solo una parte de la explicación de la causa; otro es el argumento ad populum, el que apela a las emociones; y por último, la falacia que apela a la amenaza o al miedo para justificar una opinión (ad baculum).

Pedro Sánchez fue el que más tiró de ellas: las usó hasta en 26 ocasiones y el que menos, con 11, Albert Rivera. Cada uno empleó el tipo que mejor le iba: así, mientras la vicepresidenta abusó del argumento ad baculum y ad verecundiam, Pablo Iglesias usó más que los demás el argumento ad hominem. Siguiendo el orden cronológico y de turno de palabra, aquí va un relato de lo falaces que fueron anoche sus futuras señorías.

Pedro Sánchez (PSOE)

En su primera intervención el socialista Pedro Sánchez arrancó con cuatro argumentos indemostrables casi seguidos:

“Los españoles no quieren cuatro años más de Rajoy.”

“Solo ganando el PSOE la elecciones puede producirse el cambio.”

“El PSOE único partido posible para liderar ese cambio.”

“El propio Pablo Iglesias tiene interiorizado que no va a ganar las elecciones.”

Ninguna de las tres afirmaciones iniciales se puede demostrar pero se ampara en una mayoría indemostrada para justificar el cambio. Un cambio que, según Sánchez, sólo puede traer el PSOE, otra afirmación dudosa. El ataque a Iglesias marcó desde el inicio la intención de Sánchez de atacar al líder de Podemos, algo que se repitió en varias ocasiones y que no aplicó con la misma fuerza contra el resto de candidatos.

 

El argumento ad hominem también lo usó Sánchez contra la vicepresidenta:

“Lo nuevo no puede ser utilizar el eufemismo político como hace la señora Sáenz de Santamaría.”

Y contra el resto de candidatos cuando hablaron de bajar impuestos:

“Quien diga que va a bajar los impuestos, está mintiendo.”

 

El uso de este tipo de argumento lo llevó Sánchez hasta el extremo de usar lo que se conoce como la “falacia del hombre de paja”, es decir, rebatió argumentos disminuyendo personalmente a su adversario con frases construidas sin lógica. Y lo hizo siempre contra Pablo Iglesias:

“El señor Iglesias es incoherente los 365 días del año.”

 

Sánchez recurrió también a la autoridad que le confiere estar en un partido que ha gobernado:

“Cuando hemos gobernado, hemos demostrado que éramos garantes de la unidad de España y nunca hubo una declaración unilateral de Cataluña.”

La frase no es incierta del todo pero que no hubiera una declaración de independencia durante los mandatos socialistas no quiere decir que no hubiera otros problemas que Sánchez obvia para mostrarse como un candidato de unidad. Por el contrario, Sánchez fue el que menos empleó el argumento ad baculum, el que a falta de argumentos racionales, infunde temor:

“Lo que propone Podemos es la autodeterminación, es decir, votar una ruptura.”

 

El socialista fue poco populista y junto a Albert Rivera, Sánchez fue el que menos empleó argumentos ad populum. Pero los usó. Y lo hizo con dos temas sensibles: la violencia de género y la del terrorismo yihadista. Al ser preguntado por sus propuestas contestó:

“Unidad de las democracias y de los demócratas, así vencimos a ETA así venceremos al terrorismo yihadista.”

“Nunca olvidar a las víctimas del terrorismo yihadista.”

En este último caso, empleó también un argumento de falsa causa, pues no fue (no sólo) la unidad de democracias y de demócratas las que acabó con ETA y nada garantiza que eso sea lo que acabe con el yihadismo. Es decir, no hizo una propuesta concreta, que era lo que le pidieron los presentadores.

 

Albert Rivera (Ciudadanos)

El líder de la formación naranja fue el que menos falacias construyó. Además, pidió en más de una ocasión huir del “y tú más”, clásica construcción del argumento ad hominem, y presentó propuestas concretas cuando se las pidieron. Aún así, empleó algunas medias verdades. La mayoría, ataques a sus adversarios y apelaciones a la mayoría. Aquí algunos ejemplos:

“La vieja política no puede iniciar una nueva política.”

“El capitalismo de amiguetes también es corrupción.”

“Como todos los ciudadanos, estoy harto del tú más.”

 

A Rivera se le acumularon las falacias cuando salió el tema de la independencia de Cataluña. Y casi todas hicieron referencia a las emociones:

“Quiero que Cataluña siga siendo parte de España porque es mi tierra.”

“Si puedo aportar como catalán y español que me siento, hay muchas propuestas que se hacen desde allí que son justas.”

“Cuando dicen independentistas, yo no entiendo independentistas: hablan de mis vecinos, de mis familiares, de mis conocidos…”

“Muchos catalanes, que son mayoría, se pueden sentir ofendidos si decimos que la mayoría son independentistas.”

 

El otro asunto en el que elaboró un argumento sin contenido fue el referente al terrorismo yihadista, tema en el que todos, a excepción de Iglesias, apelaron a frases grandilocuentes sin detallar medidas concretas. Rivera fue contundente a la hora de explicar lo que haría si tuviera que enviar soldados españoles a una guerra pero también tiró de frases impactantes sin contenido. Aquí la suya:

“Los aliados derrotamos al fascismo y los aliados debemos derrotar al terrorismo internacional.”

 

Pablo Iglesias (Podemos)

 El líder de la formación morada fue junto a Rivera el que más propuestas hizo y el que más se ajustó a lo que se le preguntaba. Sin embargo, abusó de la falacia ad hominem. La empleó con todos, incluso con el presentador, Vicente Vallés, al que le pidió que no se pusiera nervioso tras pedirle éste una explicación por lo que había dicho minutos antes sobre el Estatuto de Andalucía. Ese desvío de la atención destacando una falta de calma en sus contrincantes que no siempre era real para destacar su dominio de la situación la empleó contra Sánchez con especial fruición.

“No te pongas nervioso, Pedro.” (Lo repitió hasta tres veces durante el debate.)

“Tranquilo, Albert.”

“Tranquila, Soraya, no te pongas nerviosa.”

“Calmaos” (Dirigiéndose a los tres contrincantes, la empleó dos veces.)

 

Iglesias usó casi exclusivamente esta forma de falacia aunque en otras modalidades:

“Es usted inteligente pero no tome a los ciudadanos por tontos.” (Contra Sáez de Santamaría)

“Por desgracia no has logrado renovar un partido que contrasta lo que dice en campaña, con lo que hace.”

“Tengo la impresión de que mandas poco.” (Falacia de hombre de paja contra Sánchez)

“Vuestras ansías de poder os están haciendo ser muleta de lo viejo.” (Falacia de hombre de paja, contra Rivera.)

“Tengo la impresión de que alguien que ha estado tan cerca de la corrupción, podría haberse dado cuenta de algo.” (Contra Sáez de Santamaría)

 

El otro recurso más empleado por Iglesias es el argumento ad populum. Aunque es cierto que dio cifras y contestó con concreción, también lo es que cayó en la tentación de crear frases emotivas con poco contenido con la intención de convencer a través del impacto:

“Si algunos de los que gobiernan este país supieran lo que es tener una pensión pública o un salario de 900 euros, igual nos iría mejor.”

“El problema de la última reforma educativa es que la ha hecho gente que no conoce lo público.” (Incurre también en la falsa causa: obviamente ese no es sólo el problema)

“Quiero recordar que estamos haciendo un proyecto en que la fraternidad puede construir una sociedad nueva.”

 

Soraya Saénz de Santamaría (PP)

La vicepresidenta fue, junto a Pedro Sánchez, la que más apeló a argumento falaces para acompañar otros que no lo eran. Incluso en el tema de la violencia de género, sobre el que habló muy seria e incluso afectada, no hizo ninguna propuesta tal como le pidieron los periodistas. Tiró de emotividad y no planteó ni una medida nueva para combatirla:

“No seremos una sociedad madura hasta que no consigamos erradicar la violencia de genero.”

“Quiero enviar un mensaje directo a las adolescentes: no consintáis que os miren el móvil, que os vigilen. No consintáis.”

 

Saénz de Santamaría empezó su discurso apelando a la autoridad del que gobierna siempre con toques de amenaza:

“El PP es un equipo que trabaja para esos españoles que nos están viendo en sus casas y que valoren qué pueden ganar y qué pueden perder en estas elecciones.”

“Este equipo ha llevado a la población de la crisis a la recuperación y del desempleo al empleo.”

“Me preocupan los partidos personales y personalistas.”

 

A pesar de apelar a una experiencia de gobierno reciente, la vicepresidenta fue la política que más apeló al miedo:

“Evitamos el rescate, que hubiera sido un problema para muchos españoles que habrían visto peligrar su pensión y los servicios públicos.”

“Hace cuatro años estábamos al borde de un rescate, a punto de que nos intervinieran, tuvimos que recortar un 20% las pensiones. Tuvimos que tomar medidas difíciles.”

“Les oigo hablar de bipartidismo. Ojo que no sea la alternativa un tripartito de perdedores.”

“Con esa reforma Artur Mas seria el único representante de los catalanes en el Senado.”

 

También usó la estrategia de atacar directamente al contrincante. Concretamente, usó la fórmula del tu quoque, es decir, del “y tú también”. Especialmente contra Sánchez:

“Que el señor Sánchez diga que el gobierno miente en materia de déficit… Cuando llegamos al gobierno nos encontramos con que el déficit no era del 6% sino el 9%.”

 

El minuto final, el más falaz

Durante el debate, Rivera pidió varias veces a sus contrincantes abandonar “el argumentario”. Lo que quiso decir el líder de Ciudadanos es que se centraran en hacer propuestas concretas y no se enredaran en argumentos elaborados por los partidos para convencer a la audiencia sin importar mucho si los datos eran o no reales o si lo que se decía coincidía con la realidad. Pero ninguno, tampoco Rivera, lo consiguió.

En algunos momentos, intentaron desmontarse las falacias entre ellos. Por ejemplo, cuando la vicepresidenta pidió y repitió que no se dijera que el PP era corrupto: “Lo son algunas personas, no el partido”, sabiendo que Sánchez estaba empleando un recurso fácil pero engañoso con el fin de que el espectador identificara al PP en su conjunto con la corrupción.

Algunas frases del debate se repitieron en el minuto final, lo que indica que eran las frases fetiche, las que habían preparado con sus equipos y los candidatos debían soltar a toda costa. Y ese fue el minuto de oro para las falacias. Sánchez apeló a la emotividad y al miedo de que pueda repetirse un gobierno del PP; Rivera tiró también de las emociones, no en vano la palabra clave de su campaña es “ilusión”; Sáenz de Santamaría fue más concreta en el minuto final que en el resto del debate y apeló a la experiencia y a lo conseguido en este mandato, y Pablo Iglesias, el encargado de cerrar la ronda de minutos finales, lo hizo pidiéndole al público una sonrisa seguida de un “sí, se puede.”

Más ad populum, imposible.

Artículo publicado en El Estado Mental.