Wagner y la higiene flamenca

“Todos nos sentimos obligados, cuando nos encontramos cara a cara con un artista, a decirle cosas educadas y agradables, pensemos lo que pensemos de su obra”, escribió Nicolas Slonimsky, director de orquesta, compositor, pianista y escritor ya fallecido. Sus reflexiones en torno a lo que se escribe y cómo sobre la música que hacen otros se puede leer en un pequeño ensayo titulado Wagner, música del averno (Flash Ensayo, 2017), donde se recogen las frases envenenadas que escribieron periodistas, críticos, aficionados o músicos sobre los estrenos del compositor alemán.

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Argentina: “En el flamenco me siento aficionada antes que artista”

“Nunca más serás mi juez / nunca más morder el cebo”. Así arranca Argentina su último disco, La vida del artista. No son versos populares, de Machado, ni de Lorca: son de Benjamín Prado, poeta, novelista y tertuliano muy del siglo XXI, uno que escribió para Joaquín Sabina o Coque Malla y que por primera vez se atreve con una cantaora. “Coincidí con él en una Suma Flamenca y decidimos pedirle una letra. Nos pareció muy flamenca, me siento bien con ella porque como está metida por tanguillos, no suena vengativa sino guasona”. También aparece en este álbum la voz intensa y rasgada del actor Juan Diego, que recita “Elogio a Morente”, tema en el que la de Huelva pasa a un segundo plano para que el intérprete, amigo y compadre del granaíno diga cosas como esta que firma Alberto Manzano: “El tiempo se paró a la hora que no era”.

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Aurora: un flamenco para el frescor y el infierno

Ser joven no es un valor en sí mismo. Arrancar con una perogrullada esta crónica da cuenta de los tiempos que vivimos. Ser joven no tiene porque ser sinónimo de frescura, tampoco de verdor, ni candidez. Y eso está quedando claro en Emergents, ciclo que acoge el Auditori de Barcelona hasta el 23 de abril y en el que músicos profesionales pero aún poco conocidos presentan sus trabajos. Las entradas cuestan entre 5 y 12 euros y algunas propuestas tienen poco que envidiar a las de sus colegas más mayores o más famosos.

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Rendidos ante Molina

Rocío Molina se enfrentó al público de La Bienal en el Teatro Central, en un cuadrilátero como los que usa la gimnasta Simone Biles para mostrar su carne fibrada, y todas sus cualidades, las nacidas y las forjadas. Pero al contrario que la deportista, no fue atleta ni fue acróbata. Fue bailaora, bailarina y artista sin descansar y sin renunciar a ese don y a ese peso. Lo bailó todo desde el inicio y quien pensara que la malagueña escatimaría algo para aguantar las cuatro horas de improvisación que prometió, erró en el tiro.

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