“A Badia solo vienes si tienes familia”

cms-image-000002586Dieciocho kilómetros separan la renta familiar más alta de España de la más baja de Cataluña. La primera está en Matadepera y la segunda, en Badia del Vallès, que tiene poco y gasta lo justo. Según el Ministerio de Economía y Hacienda, la deuda municipal no llega al millón y medio de euros, cifra muy alejada de las de pueblos catalanes con una población parecida. Algunos ejemplos son La Seu d’Urgell, con una deuda de más de once millones y medio; Santa Coloma de Farners, con 8.367.000 de euros, o Cunit, que acumula más de 32 millones. “Nos ceñimos a lo que tenemos pero eso implica que no puedo ni cambiar las farolas”. Habla Eva Menor, alcaldesa socialista de Badia, refiriéndose a lo que puede verse en cuanto el autobús entra a esta localidad situada a 20 kilómetros de Barcelona: que calles, equipamientos y bloques precisan limpieza, obra y pintura.

Badia es un territorio de apenas un kilómetro cuadrado sin encantos aparentes que cuando sale en las noticias lo hace en la sección de sucesos, algo que molesta a sus vecinos, o en la de deportes: Carlos y Sergio Busquets, padre e hijo, exjugador y jugador del Barça, respectivamente, son badienses. Pero la noticia más importante del año pasó casi desapercibida. Sucedió el 22 de julio, cuando el consistorio firmó un acuerdo de financiación con la Generalitat por el que Badia recibirá tres millones de euros anuales durante cuatro años con los que pagar parte de los servicios que da a sus ciudadanos. Se firmó con carácter de urgencia en el último pleno del Parlament, antes de que Artur Mas firmara el decreto de disolución del mismo para convocar las elecciones del 27 de septiembre.

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Un año sin piropos en Bélgica

images|cms-image-000002418En agosto de 2014 Bélgica se convirtió en el primer país del mundo en aprobar una ley contra los piropos. La norma contempla multas de 50 a 1.000 euros y penas de hasta un año de prisión y se creó para ampliar la que se conoce como “Ley Género”, vigente desde 2007 y encargada de perseguir la incitación a la discriminación, a la violencia y al odio por razón de sexo. La norma fue una promesa cumplida de la entonces ministra de Interior e Igualdad de Oportunidades, Joëlle Milquet, hecha tras ver Femme de la Rue, un vídeo de Sophie Peeters, una estudiante que en 2012 grabó un paseo por las calles de Bruselas en el que podían oírse los comentarios hechos por los hombres a su paso.

En su fase de elaboración, algunos juristas belgas se pusieron en contra al considerar que la nueva ley podía atentar contra la libertad de expresión. “El derecho a la libertad de expresión no ampara el sexismo, como tampoco ampara el racismo”, opina

Encarna Bodelón, profesora de Filosofía del Derecho en la Universitat Autònoma de Barcelona y directora del Grupo de Investigación Antígona en relación a una ley que no persigue el halago sino las conductas sexistas.

“Todo gesto o comportamiento que tengan la clara intención de expresar desprecio hacia una persona por razón de su sexo, de considerarla inferior o de reducirla a su dimensión sexual y que comporte un grave daño a su integridad”. Este es el texto legal que ha hecho posible que en Bruselas se hayan denunciado 85 casos y se hayan impuesto 22 denuncias tras un año de entrada en vigor de la ley.

Para algunos sectores, entre los que se encuentran los mismos juristas que criticaron su aprobación y el Partido Libertario, los casos son pocos y no justifican una ley. Piden que se retire porque, además de atentar contra la libertad de expresión, creen que ha resultado poco efectiva. En la entidad Vie Féminine no comparten esta opinión y afirman que la validez de una ley no se puede medir cuantitativamente, que aún hay muchas mujeres que no la conocen y que aunque sean pocas las que aún denuncian debe existir para protegerlas y para darle visibilidad a un problema que ocurre en todo el mundo.

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Jerez, lagar de sentencias por burlerías

Jerez de la Frontera tiene un patrón, San Dionisio, al que se conoce como el santo sin cabeza porque se la cortaron en el siglo III y, según narra su hagiografía, anduvo con ella bajo el brazo varios kilómetros. Ese tajo remite a otro más reciente, el que la alcaldesa dice que se daría en la mano antes de usarla para robar. La que expele tal sentencia es María José García-Pelayo, una edil popular a la espera de que el juez Pablo Ruz decida si la imputa en una pieza separada de la trama Gürtel.

Esta forma de expresarse, sentenciando, es muy flamenca. Y a flamenca a Jerez pocas ciudades le ganan. Es la cuna de La Serneta, de Charamusco o del Marruro. También la de Tío José de Paula, Terremoto o Paco la Luz, mitos de la ciudad que todo el que se acerca al cante sigue y persigue. Ellos ya están en las enciclopedias, pero tienen recambio: José Mercé, por citar solo al más conocido. Una lista de nombres tan larga que pone en entredicho las estadísticas, que dicen que sólo el 6% de los jerezanos es gitano. Sin embargo, lo que se palpa en la calle y refiere el flamencólogo José María Castaño es que uno de cada cuatro tiene ADN caló.

Sigue en Contexto.

Flamenco neerlandés

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Se llama Janine, pero la llaman La Nina. Es rubia y tiene los ojos zarcos, que no castaños. Su carne es clara, casi pálida, un tono muy alejado en la paleta del bronce, el aceituna o el tostado. Baila flamenco, lo enseña a otros y vive de él en Holanda. Cuenta que ella no sabía nada de lo ‘jondo’ cuando en 1987 vio la Carmen de Antonio Gades y Cristina Hoyos en el Teatro Carré de Ámsterdam. Tenía 21 años y, después de aquello, se arrancó a bailar. Su iniciación coincide con la llegada a su país de los primeros maestros. Sólo dos años antes de que a La Nina se le despertara el ritmo, el Codarts de Rotterdam nombró al ‘tocaor’ cordobés Paco Peña director de la Cátedra de Guitarra Flamenca, convirtiéndose en el primer conservatorio del mundo en abrirle las puertas a lo ‘jondo’.

El Codarts es hoy una Universidad de las Artes a la que acuden cada año jóvenes de todo el mundo. A Ricardo Mendeville, actual director de la cátedra, no le extraña que el flamenco tuviera su primer hueco en la enseñanza superior fuera de España, ni datos como que la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Córdoba se estrenara en 1987, dos años después del nombramiento de Paco Peña en Holanda. “Es llamativo pero pasa frecuentemente con las músicas autóctonas. Los que legislan no le dan el estatus que se merecen, ni un lugar donde poder estudiarlas”.

Tampoco al musicólogo Faustino Núñez le sorprende que a más de 2.500 kilómetros de Cádiz o Sevilla se haga tal despliegue formativo y cultural dedicado al flamenco. “Desde los orígenes del género los mejores escenarios se han cedido fuera de la frontera natural de los territorios del flamenco”. Lo cuenta un hombre que dio la vuelta al mundo acompañando a Antonio Gades, que lleva años yendo a Holanda a impartir clases magistrales y al que le gusta decir con una sorna que revela cabreo que “el flamenco es esa música que tanto gusta a los extranjeros”. En Rotterdam sin embargo, no hay tiempo para el lamento: el Codart ya piensa en ofrecer cursos para enseñar a tocar otros instrumentos y cante. En esto último sí se les adelantó España ya que desde 2007 es posible aprender a ayear como ChacónMairena o Pavón en centros de enseñanza musical superior.

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