Boletín de descartes

Como freelance, publico los temas que aceptan y pagan en los medios de comunicación en los que colaboro. A veces, algunas de esas propuestas se quedan fuera. Los motivos son variados: no encajan en ninguno de los diarios o revistas donde ya firmo o yo misma descarté su publicación al hacer cuentas y ver que con lo que pretendían pagarme no cubría ni el rato que me llevó encontrarlo, buscar el enfoque, proponerlo y esperar respuesta. En ocasiones, me consta, el medio y el editor querían el artículo, pero no tenían presupuesto, espacio o ninguna de las dos cosas.

Por todo eso, algunas entradas del Boletín de descartes que encontraréis en esta página y en Twitter bajo el hashtag #BoletinDescartes serán textos inéditos y otras veces, despieces de otros que sí publiqué pero que se quedaron en el tintero por algún motivo. Algunos serán caprichos y otros retratos de personajes que sólo fueron secundarios en una historia principal pero que, en mi opinión, tenían más que decir. En otros abordaré detalles, anécdotas o escenarios que me hicieron quitar (o autocensuré) porque en las redacciones aún hay demasiada gente, para mi gusto, que confunde el rigor con la frialdad.

Aquí voy a publicar artículos que de otro modo se quedarían en una carpeta o en un párrafo eliminado y voy a hacerlo con la misma exigencia que si salieran en cualquiera de los medios donde publico. No espero nada, sólo tanteo. Como periodista, sé que contribuyo, más o menos, a construir el discurso público. Creo todavía, aunque menos que ayer, en la necesidad de que un periodista ordene la información que se ofrece a los lectores y no ignoro que los modos de leer han cambiado y quizás haya que cambiar (¿o será ampliar?), no tanto los de escribir como los de publicar.

También ha sufrido un giro el panorama laboral y cada vez somos más los que tenemos que trabajar fuera de una redacción, que es donde se toman las decisiones, y hacerlo además, en varios medios. Y por supuesto que eso influye en lo que sacan los diarios, las revistas y hasta los fanzines, constructores (todavía) de formas de ver el mundo.

Colombine me libre de intentar hacer las veces de un diario, sólo quiero explorar y observar. Tampoco quiero ajustar cuentas que no existen, soy consciente de que confundo al personal cuando me empeño en no escribir siempre en la misma sección. Y además, sé que una sólo sabe lo que le explican y yo misma, cuando estuve en el otro lado, también mentí alguna vez cuando tuve que rechazarle un tema a un compañero.

Quienes me conocen saben que no comparto lo de trabajar sin cobrar porque no es trabajo y porque siempre hay alguien que saca rédito de lo que suda otro. Pero en este caso, lo que voy a sacarme yo es alguna espina (léase textos) y espero que el lector, algún provecho.

Que empiece la lista:

Maja Aretz, una sirvienta entre dadaístas

 

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