Ferlosio y el periodismo

A Rafael Sánchez Ferlosio no lo enseñan en colegios, institutos, ni facultades. Lo pude comprobar en un viaje que hice siguiendo los rastros que quedan en España de un personaje tan bello como Alfanhuí, el niño de los ojos amarillos por el que conocí al autor cuando era cría. Luego leí El Jarama, pero nadie, ni maestra, ni catedrática, ni jefes de redacción me avisaron nunca de todo lo que podía ofrecerme, como lectora, ciudadana, ser pensante y periodista el autor de El testimonio de Yarfoz. 

El reencuentro sucedió sin buscarlo y con Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, un libro que descubrí en 1996, cuando empecé la universidad, y gracias a mis amigos. Era un volumen que no se prestaba porque había que leerlo con calma y muchas veces; había que subrayarlo e íbamos a quererlo, pues vino a confirmarnos muchas cosas que cualquiera que no esté sordo y quiera oír barrunta en cuanto empieza la carrera de Periodismo.

Ese libro, que tuvo cierto eco porque ganó el Premio Nacional de Ensayo en 1994, hizo que algunos nos enamoráramos de Ferlosio, de su manera de sentenciar a la vez mudable y tajante y de esa forma de ir contra todo que resulta tan refrescante ver en un adulto para alguien que aún está verde. Creo que muchos de los que después serían mis colegas se quedaron en ese punto, incluida yo durante un tiempo.

El artículo completo en El Ministerio de Ctxt

Enrique Morente y Edipo o el valor de un traspié

Hago un llamamiento a la censura. Propongo que en el octavo año de la muerte de Enrique Morente evitemos palabras como “revolución” o “genio”. No es que no lo definan, es que dichas así, sin explicarlas, no dicen nada. Lo que sugiero es que ahondemos y también, por qué no, le honremos recordando algún traspié del cantaor que se autodefinió como “el eterno discípulo”.

Yo me quedo, por afinidades, con su participación en El mito de Edipo Rey, obra que se estrenó en el Festival de Teatro Clásico de Mérida en 1982, de la compañía de José Luis Gómez, dirigida por Stavros Doufesis y a partir de la traducción que firmó otro inclasificable, Agustín García Calvo. El de Granada fue elegido para interpretar, junto a la cantante Natalia Duarte, lo que le encargaron en una obra que fue problemática desde el inicio, también para Enrique, de quien se quejó el equipo griego porque no entraba a tiempo o no llegaba a algunas notas.

La propuesta se puede ver en la web de RTVE. La aparición de Morente es corta y no de las más lucidas. No todo fue culpa suya, algo tendría que ver lo de meter el flamenco con calzador con una dirección musical que corrió a cargo de la parte griega. Apenas he encontrado algo escrito sobre una pieza que giró poco y casi no se dijo nada sobre el cantaor, pero siempre he creído que experiencias de ese tipo enriquecen a un artista tanto como sus éxitos.

Con esa idea en la cabeza vi en su día el documental Omega, dirigido por José Sánchez Montes y Gervasio Iglesias, donde me pareció que la angustia de Morente ante la producción del disco era real pero era antigua. El miedo que se le adivina ante la incertidumbre del proyecto con los Lagartija Nickno era nuevo para él, pero parece como si los tropezones hubieran hecho el efecto de curtirlo, no de arredrarlo.

El artículo completo en Deflamenco.com

‘La historia interminable’: un autor angustiado, una ilustradora inspirada y un traductor en apuros

La historia interminable nació en Casa Unicornio, la morada italiana a la que se mudó Michael Ende cuando se dio cuenta de que en Alemania rechazaban la literatura fantástica por considerarla un género meramente escapista. Allí fue vecino de estrellas como Anthony Quinn o Anita Eckberg en un pueblo, Genzano, que había puesto en el mapa literario otro cuentista: Hans Christian Andersen, que ubicó en él parte de su primera novela, El improvisador. En esa localidad próxima a Roma vivió Ende hasta que murió su esposa, la actriz Ingeborg Hoffmann, y se acabó de convertir en una celebridad de las letras. “Cuando me encargó el trabajo de ilustrar La historia interminable ya era muy famoso”, explica a Vanity Fair Roswitha Quadflieg, la artista que convirtió la novela en un objeto único del que se han vendido, y aún se venden, millones de copias en todo el mundo.

El reportaje completo en Vanity Fair.

Walt Whitman, el poeta que nació en la redacción de un periódico

Quien aún diga con cinismo que el periódico sólo sirve para envolver bocadillos, debe saber que a veces la prensa pare poetas. A Estados Unidos, por ejemplo, le dio a Walt Whitman, a quien Harold Bloom describió como el Shakespeare estadounidense, un bardo que, antes que versos, escribió noticias, crónicas y editoriales. “Estuvo en el negocio de los periódicos durante 20 años antes de publicar Hojas de hierba: esos años de escritura, esos miles de artículos incluyen elementos que prefiguran su sensibilidad y su estilo”, opina Jason Stacy, de la Universidad Edwardsville de Illinois.

El artículo completo en La Esfera de Papel – El Mundo

Chim, un reportero entre Ingrid Bergman y La Pasionaria

Fuma y medio sonríe y ambas cosas las hace sólo con los labios porque a David Seymour la alegría no le llega hasta los ojos. Con un retrato de la talla de un gigante y ese gesto, ‘Chim‘ da la bienvenida al visitante del Museo Judío de Ámsterdam, donde hasta el 10 de marzo se ofrece una retrospectiva de su obra fotográfica. Es la primera en Europa porque hasta en el eco ha sido más discreto que sus socios en la Agencia Magnum: Robert Capa y Henrie Cartier-Bresson, más nombrados, citados y recordados que el fotoperiodista polaco.

La exposición contiene 150 fotografías y un centenar de revistas y documentos personales elegidos y contextualizados por el Centro Fotográfico de Nueva York. En la sala conviven tomas de la miseria y el dolor de los niños de la segunda postguerra mundial con instantáneas de una esplendorosa Sofía Loren en bañador y medias de rejilla posando en su casa de Nápoles. Parece algo incoherente, pero tras ver la muestra queda algo claro: que en el trabajo de Chim se aprecian muchos contrastes, pero apenas hay contradicción.

El reportaje completo en Vanity Fair.