La brecha personal

“Para mí eras la portadora de la puesta entre paréntesis del mundo amenazante donde yo era un refugiado de ilegítima existencia”. Ese que leen ahí, enamorado, es Andre Gorz, discreto discípulo de Sartre, no solo en su repercusión teórica, también en su vida privada. La frase está en ‘Carta a D.’ (Ático de los libros, 2019), dirigida a Dorine, su esposa durante 58 años y escrita antes de suicidarse juntos en el 2007 por la enfermedad terminal de la mujer y el pavor insostenible de aquel hombre a vivir sin ella. Pionero de la ecología política y enemigo de la automoción, a la que culpó de la mutación caníbal del capitalismo, Gorz explica su primera noche de amor, en 1947, la primera de muchas que celebraron en una cama de 60 centímetros –cómo mengua la comodidad en amores, epidemias y posguerras– donde la pasión se volvió necesidad y luego, matrimonio. En la misiva, se arrepiente de haberle amputado a su obra las caricias, los bailes y la luz que Dorine inyectó a su pensamiento.

El artículo completo en El Periódico de Cataluña

‘Resistiré’ o los 47 millones de fans del Dúo Dinámico

“El otro día le pregunté a Julio Iglesias si recordaba que hace 15 años le propuse que grabara Resistiré”, me cuenta Ramón Arcusa, la mitad del Dúo Dinámico, desde Miami, donde pasa el confinamiento junto a Shura Hall, la británica con quien se casó en Londres en febrero de 1967 y volvió a hacerlo en Mallorca ocho meses después en la iglesia de La Porciúncula. Antes de esa segunda ceremonia a la que acudieron amigos como Joan Manuel Serrat, la pareja estuvo en el festival de la isla de Wight presenciando un momento histórico: el último concierto de Jimi Hendrix. Pero ese dato no me lo da Ramón, sino Adrian Vogel, exproductor de CBS, para que entienda hasta qué punto el Dúo Dinámico es fruto del amor a la música: “Y cambiaron la industria para siempre”.

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González, Aznar, Rajoy y Zapatero: ¿dónde están los ex presidentes en la crisis del coronavirus?

Cuando el Gobierno de Barack Obama mató a Osama Bin Ladeninvitó a George W. Bush a una ceremonia en la zona cero del 11-S para conmemorarlo. El exmandatario declinó la oferta sin dar explicaciones, pero los analistas coincidieron en que no quería ser el presidente incapaz de haber acabado con el enemigo haciéndose una foto con el que lo había logrado y las críticas a Bush fueron todas en el mismo sentido: ni se hace política, ni se piensa en la propia imagen ante un acontecimiento de ese calado. A pesar de que en otras ocasiones se mostraron un respeto institucional más que cordial, esa vez se le afeó al político republicano su falta de empatía: su presencia habría sido un confort para las víctimas, pero también para el presidente en el cargo porque, ¿quién mejor que quien ha pasado por lo mismo que tú para entenderte?

Vanity Fair ha querido saber dónde están los expresidentes españoles y cuál debería ser su papel en la situación más grave por la que ha pasado el país desde la Guerra Civil y “mucho peor”, según la OMS, que la última crisis económica.

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Salvador Illa, el ministro tranquilo al frente de la crisis del coronavirus

El día que nació él, el diario ABC dedicaba varias páginas a un congreso de folclore, gastronomía y turismo. Era 5 de mayo de 1966 y no eran tiempos para hablar de lujo, pero ya habíamos aprendido a mirar al visitante extranjero con ojos golosos. Salvador Illa le dio una vuelta de tuerca en Cataluña cuando, 30 años después y siendo alcalde de La Roca del Vallés –cargo al que llegó en 1995 por la muerte del titular, salió por una moción de censura y volvió a él en 1999 hasta 2005–, aprobó la construcción de La Roca Village, un outlet de marcas de lujo.

El complejo, de 140 tiendas extendido por 20.000 metros cuadrados en un pueblo de 10.000 habitantes, recibe cada año tres millones de visitantes, lo que lo convierte en el lugar más frecuentado por los turistas que llegan a Barcelona, por delante de la Sagrada Familia. Es el gran centro del consumo, donde llegan cada día decenas de autocares que descargan viajeros, y el que confirma que aquella idea de que el turismo en Barcelona sería cultural o no sería hace tiempo que es leyenda.

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La sombra de Esperanza Aguirre: Ayuso y Almeida, ¿quién es su heredero en la gestión de la crisis del coronavirus?

El símbolo de esta herencia es un cuadro. El que quiere poner la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso en las paredes de la Real Casa de la Moneda, sede del gobierno regional: uno de su precedesora, Esperanza Aguirre. Lo anunció a principios de marzo, no hace ni un mes, aunque parece que haya pasado una vida, y lo justificó diciendo que tanto Aguirre como Cristina Cifuentes merecen “un huequito” en la historia de Madrid. De ese modo, Ayuso –que trabajó en ‘Madrid Network’ durante la legislatura de Aguirre y fue la responsable de la cuenta de Twitter de su perro, Pecas– reivindicaba los pasos de su mentora, de quien en esta crisis del Covid-19 se está mostrando como fiel sucesora. No así el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, que también creció políticamente –fue número 3 de Aguirre en el consistorio– al calor de la condensa de Bornos.

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