Una novia y un padre moribundo

Saber que el amor se acaba no debe ser peso sino polea. Hará que lo nuevo suba, ligero y bien arriba, permitiéndole ir del corazón a otros asuntos, liviano, liberado de la carga de lo eterno. Amando se cura la manía de mirar hacia adelante: “El azar les juntó y el azar les lleva / por una larga ruta que no tiene mapa / y en donde tampoco importa en demasía / si aguardarán los pañuelos del adiós / en las remotas estaciones del futuro”.

El artículo completo en El Periódico de Cataluña