Los banqueros del rey Juan Carlos, un reflejo de cada etapa de su vida: de Juan March a Emilio Botín y Mario Conde

El 4 de agosto se hizo pública la carta en la que Juan Carlos Icomunicaba a su hijo, Felipe VI, que se iba al extranjero para “salvaguardar la monarquía”. Si, como afirmaron algunos medios, una de las paradas de esa salida fue Azeitão, el rey emérito abandonaba España y volvía a su adolescencia: en la localidad ubicada a 50 kilómetros de Estoril vive João Manuel de Albuquerque d’Orey de Brito e Cunha, su amigo durante el exilio portugués de los Borbones y dueño de la Casa Grande Quinta do Peru, una finca del siglo XVIII rodeada de olivos y castillos medievales. También es yerno de Manuel Ribeiro Espirito Santo (1908-1973), copropietario del banco que su padre, Jose Maria, creó de la nada, bautizó con su apellido y le permitió amasar una fortuna que hace que en Portugal la prensa los llame “Los Dueños de Todo”.

Manuel fue una de las personas que más ayudó a los Borbones en Estoril, y Juan Carlos le devolvió el favor a su familia siendo ya rey abriéndole las puertas de las regatas, donde el banco luso se convirtió en un patrocinador estrella. Fue a principio de los dos mil, cuando la Caja de Ahorros del Mediterráneo financiaba el barco del príncipe Felipe y La Caixa el del rey, el Bribón. A Espirito Santo le tocó, entre otros, imprimir su nombre en las velas de uno de los grandes amigos del Borbón: Gonzalo Fernández de Córdoba, duque de Arión, con quien el monarca participó en los Juegos Olímpicos de 1973.

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